La Crítica en la Edad Ateniense, Alfonso Reyes

Esta obra del escritor mexicano Alfonso Reyes, que abarca el período de tiempo comprendido entre los años 600 y 300 a. de Cristo, se publicó en México en 1941. Su propósito fundamental es el estudió de los orígenes y evolución de la crítica griega, dentro de la primera etapa en que el autor divide su historia, examinándola en sus principales manifestaciones. Acertadamente se nos anticipan los resultados de la crí­tica helénica, condensados en los principios siguientes: fundamentos de la gramática, de la filología, de la crítica; análisis de los cánones literarios: épica, prosa, oratoria, etcétera. La historia de la crítica en la Edad Ateniense se divide, pasando ya del período de los orígenes o de la crítica in­definida, en los siguientes capítulos:

I. La era presocrática o la exploración hacia la crítica.

II. La era presocrática: los histo­riadores.

III. Sócrates o el descubrimiento de la crítica.

IV. El teatro o la captación de la crítica.

V. Aristófanes o la polémica del teatro.

VI. Platón o el poeta contra la poesía.

VII. Isócrates o de la prosa.

VIII. Aristóteles o de la fenomenología literaria.

IX. Teofrasto o de la anatomía moral.

El análisis profundo, detallado y erudito, lleno de personales conclusiones, que de hoy más habrá que incorporar a las adquisiciones científicas en este campo, de las manifesta­ciones varias de la crítica literaria a lo largo del extenso período de tres siglos, que se inicia simbólicamente con la conquista de Salamina en 604 a. de C. bajo Solón, y se cierra en los últimos años del siglo IV antes de Cristo con la participación de la herencia de Alejandro, permite al autor comprobar en primer término la escasez con que se muestra el criterio puramente esté­tico, y lo conduce, en unas páginas, admi­rables de contenido y de forma, a intentar la explicación del hecho contenido en la inquietante pregunta: ¿Puede alcanzarse la obra de suma belleza sin una percepción teóricamente automática de la belleza?, para concluir que no es la «sonrisa de Gre­cia», ni el «milagro griego», sino el «enig­ma griego» lo que se ofrece a nuestras re­flexiones y a nuestro asombro.

A. millares Carlo