Ensayo de Miguel de Unamuno (1864-1936), publicado primero en la traducción francesa de Jean Cassou en 1924, y en español en 1930. El gran ensayista español vuelve en este libro a un filón de su pensamiento que le había dictado los salmos razonadores de su Cristo de Velázquez (v.) y que debía llevarlo más tarde a una forma de mesianismo obsesionante, como se advierte en muchas páginas de su libro De Fuenteventura a París (v.) y de su Romancero del destierro (1928). La palabra «agonía» está empleada en su significado original de «lucha»; ser cristiano significa sostener una lucha perpetua en cada instante de la vida, entre nuestra fe de creyentes y nuestra condición de ciudadanos, padres, maridos; cualquier forma de reposo o de renuncia a la lucha equivale a renegar el cristianismo, que celebra en todos los hombres el continuo sacrificio de la redención y de la inmortalidad. La lucha y el martirio aproxima al cristiano al divino fundador de su fe; la tragedia del Gólgota, objeto hasta hoy de conmemoraciones más o menos devotas, debe convertirse en una meta para todo cristiano, un ideal que conseguir dolorosa y sangrientamente. El pragmatismo heroico de la Vida de Don Quijote y Sancho (v.) se transforma, a través de los estudios escriturísticos y la familiaridad con los grandes místicos españoles, en una aspiración ascética que, en lugar de ser negativa, como podría parecer a simple vista, habría de ser positiva en grado sumo, constituyendo para Unamuno el único medio posible de salvar con la vida espiritual la existencia misma de la humanidad.
A. R. Ferrarin

