Kuan TZU¸ Kuan I-wu

[EI libro del maestro Kuan]. Obra china de Kuan I-wu o Kuan Chung (m. en 645 a. de C.), genio político que es considerado como el padre de la legis­lación, ya que, en su opinión, el cumpli­miento de la ley es indispensable para realizar una política económica y utilita­rista. Kuan Chung fue el primer ministro del duque Huan. Defendió con éxito a su país de las invasiones bárbaras, creó nuevas instituciones y por fin hizo del duque Huan, del pequeño reino Ch’i. el jefe de todos los príncipes.

Los méritos de Kuan Chung son muy grandes, y por ello Confucio dijo: «Hasta hoy el pueblo sigue go­zando de su sabiduría. De 710 sor por Kuan Chung, llevaríamos el pelo suelto y los botones en la parte izquierda» (como los bárbaros). Su libro (que, según la historia de los Han. constaba de 86 capítulos, de los que hoy sólo quedan 76) es segura­mente una falsificación; entre otras cosas, porque no es seguro que existan libros es­critos por los particulares antes de Confució (551-479 a. rio O.). Por razón del estilo y fie ciertos pensamientos se cree que pro­bablemente fue escrito en el llamado «pe­ríodo de los estados combatientes» o de Chan-kuo (403-256 a. de C.). Do todos modos es una obra fundamental para el estudio del pensamiento económico y polí­tico de las épocas Chan-kuo y Ch’un-Ch’iu (770-404 a. de C.). El estado de Ch’i. situado en el Shantung actual, que era a la sazón un territorio poco fértil con un pueblo en­teramente agrícola, difícilmente hubiera conseguido alcanzar la supremacía sobre los otros estados de no haber desarrollado una genial política económica. Los tres principios del gobierno expuestos en el libro son:

1) el rey ha de cuidar de la agricultura según las estaciones, de manera que el pueblo tenga comida y vestido su­ficientes, y luego la riqueza. La riqueza atrae a los emigrantes de otros países, y lentamente el territorio se va ensanchando y goza de una vida pacífica que hace pros­perar a la población, de manera que el remo llega a ser fuerte.

2) La educación del pueblo consiste en cuatro cosas: los «ritos», ya que practicando éstos el pueblo se comporta de la justa manera, y el rey está tranquilo; la «justicia», ya que cuando se practica la justicia, el pueblo no desea lo que no se debe desear, y entonces des­aparecen, el engaño y la astucia: la «honra­dez». ya que siendo honrados no se oculta el mal. y entonces la conducta llega a ser perfecta; la «vergüenza», que impide hacer cosas ilegales, permitiendo el dominio del orden y la realización de la voluntad del rey.

3) Hay que crear una tradición para adorar a Dios, los dioses, los espíritus en general, el templo de los antepasados, etc., de manera que las costumbres se hagan buenas v sencillas, y el pueblo y el reino se enriquezcan fácilmente.

Siguen a los prin­cipios las aplicaciones particulares: acerca de los méritos que deben reunir los minis­tros hay tres condiciones: la virtud de la persona debe corresponder al cargo ocupado; el mérito ha de corresponder a la recom­pensa recibida; la habilidad de la persona debe corresponder al oficio que ocupa. Acerca de los rumbos de! gobierno hay cuatro condiciones: no se puede dar la suprema autoridad en el reino a quien carece de un gran sentido de benevolencia, aunque sean grandes sus otras virtudes; no se puede confiar una alta posición a quien no deja sitio al que está más capacitado que él: no se puede conceder el cargo de jefe militar a quien favorece a sus parientes y a los nobles; el gobierno tiene que interesarse en el provecho de la tierra y tratar de disminuir los impuestos, dividien­do el reino en distintos distritos. Final­mente vienen las proposiciones para el des­arrollo económico del Estado: cultivar los bosques, cuidar de los ríos y de los riegos, etcétera.

Merece además una mención par­ticular su proposición sobro la industria minera (cobre), la sal y la pesca; sobre la exportación a los reinos contiguos, para que el estado pueda recaudar los impuestos de la aduana; iniciativas estas que son muy singulares para aquellos tiempos. Cfr. V. G. von de Gabelentz. L’oeuvre du philosophe Kuan-tse, «Mémoires de la Société des Etudes japoneises», V (1886); Vorbereiten­des zur Kritik des Kuan-tse, «Sitzungs­bericht der Konigl. Preuss. Akademie der Wissenschaften» (1892); C. de Harlez. Uri maître chinois au VIII siècle av. J. Chr., «Journ. Asiat.», Vol. VII (1896).

P. Siao Sci-yi