[Memorias de los estudios cotidianos]. Obra de Ku Yen-wu (1613- 1682), gran literato chino y adelantado de la escuela Kao-ching, la cual emprendió la tarea de las ediciones críticas y de los comentarios filológicos de los clásicos.
La finalidad del estudio, tal como lo concibe nuestro literato, reside en su utilidad para el gobierno y para el bienestar del pueblo. Por esta razón rehúsa las doctrinas de Lu Hsiang-shan y de Wang Yang-ming (v. Hsiang-chan Ch’üan Chi y Yang-ming Ch’ üan Chi) y ensalza la de Chu Hsi (v. Chou Tsû Ch’üan Shu), puesto que los primeros sostienen que nuestra mente (siendo el hombre un microcosmos) en sí lo comprende todo, y es inútil extender el saber fuera de la mente humana, mientras que este último sostiene que nuestra buena conducta va haciéndose cada vez más sólida con el aumento de nuestro saber, que consiste en la investigación de las leyes últimas de las cosas. Como revela el título, la obra es una colección de escritos breves, fruto de treinta años de estudios e investigaciones que versan principalmente sobre tres temas: los clásicos, los principios del gobierno y argumentos variados que se le presentan. Para nuestro literato la tarea de los intelectuales es el estudio de los clásicos mientras que la mayoría de los estudiosos de las dinastías precedentes (Sung y Ming, siglos X-XVII) se ocupaban del estudio de la esencia de la naturaleza humana y de la razón última del universo, todas ellas especulaciones que, para nuestro literato no sirven para nada. Por esta razón el autor acentúa demasiado la investigación externa y objetiva y abandona el estudio interno del pensamiento; y precisamente por esto es considerado como el padre de aquel movimiento «científico» que florecía en la última dinastía. Son notables algunas características metodológicas en su estudio.
Primeramente hay que aplicar la inducción: cuando hay que definir un hecho, un objeto, una frase o una palabra, busca primeramente todas las fuentes posibles que tienen, directa o indirectamente, alguna relación con el hecho, y valora las diferencias y las semejanzas; con este procedimiento seguro y objetivo llega finalmente a la exacta definición del objeto propuesto a su consideración. En segundo lugar quiere buscar nuevas ideas, y se avergüenza de copiar o recoger aquellas ideas que los antiguos ya encontraron o interpretaron: «Se dice generalmente que los autores modernos cuando escriben sus libros hacen como los obreros que acuñan las monedas de cobre; los antiguos extraían el cobre de las minas, y los modernos compran, en cambio, las viejas monedas de cobre, que llaman cobre usado, para hacer de ellas material para nuevas monedas, las cuales, acuñadas de esta manera, son ciertamente feas… algunos me preguntan cuántos volúmenes he escrito de nuevo; éstos esperan, seguramente, que yo acuñe las monedas con el cobre usado; y yo les contesto que desde la última vez que nos vimos he estudiado día y noche y he hecho muchas y largas reflexiones, pero que no he logrado escribir más que unos pocos párrafos». Este párrafo revela claramente su seriedad en los estudios y en sus obras. En tercer lugar, Ku estudia con miras a la aplicación práctica, porque desde los tiempos de Confucio y de Mencio los confucionistas han tenido siempre un espíritu práctico y no especulativo; este espíritu fue olvidado en los tiempos de Sung y de Ming, pero según nuestro autor hay que hacer resucitar la buena tradición.
El Jih Chih Lu, la obra monumental de Ku Yen-wu, abrió camino a la escuela de Kao- keng, la cual, con sus estudios filológicos y críticos sobre los textos antiguos ha reunido un material para nosotros precioso. H. Wilhelm, Gu Ting Lin, der Ethiker (1932).
P. Siao Sci-Yi

