[Image du monde]. Poema didáctico del siglo XIII, obra del escritor francés Gautier de Metz. Es la típica representación de los esfuerzos que se hacían en aquella época para reunir en una sola composición todo el saber divino, natural y humano. La primera parte es una especie de cosmogonía en la que se expone la creación del Mundo y del hombre sometido al pecado. Pero, hablando del hombre, el autor está dominado por el pensamiento de la inteligencia humana, que se manifiesta sobre todo en las siete artes liberales. Hay muchos preceptos morales y religiosos en los que aparece más el predicador que el poeta, poquísimos versos originales, y, en general, cierta confusión y oscuridad. La segunda parte es un tratado de geografía. Después de hablar brevemente de los cuatro puntos cardinales y de las tres partes habitadas del Mundo, el autor se detiene a describir el Asia y el Paraíso Terrenal. Se entrega con gusto a las descripciones fantásticas y fabulosas, sin cuidar de la verosimilitud, siguiendo las tradiciones más variadas y su propio capricho, sirviéndose de obras conocidas, introduciendo monstruos y delicias, maravillas y países y animales encantados, sin contentarse con la superficie de la tierra, sino pensando también en sus profundidades.
La tercera parte es un tratado de astronomía. El autor se ocupa ante todo del origen del día y de la noche, de las fases lunares, etc., insertando algún episodio y alguna leyenda. Un largo epílogo resume, no sin mucha confusión, los puntos principales de la obra. Se observa en el autor el intento de libertarse de los esquemas y abandonarse a la fantasía para ser poeta, peto no lo logra, y sigue, sobre todo en la segunda parte del libro, muy fielmente el modelo que le brinda la obra latina de Honoré d’Autun Imago Mundi (siglo XII), aparte de otras obras didáctico- morales de este mismo género. Es una tentativa de hacer amena y fácilmente accesible la ciencia. A fines del siglo XIII o a principios del XIV se hicieron de esta obra dos rédacciones en prosa, y desde su aparición dio materia a otras obras didácticas; se sirvieron de ella Jean de Meung en el Román de la Rosa (v.), Brunetto Latini en el Tesoro (v.) y Fazio degli Uberti en el Dictamundo (v.), sin contar otros autores de menor importancia.
C. Cremenesi

