Es una de las más conocidas obras de historia natural de Teofrasto (siglo IV-III a. de C.), el sucesor de Aristóteles en el Liceo de Atenas. La obra está dividida en seis libros, en los cuales se examinan más de 450 plantas que son clasificadas en relación con su aspecto exterior. Se distinguen así : los árboles, los arbustos, los subarbustos y las hierbas. Cada grupo comprende diversos géneros que, a su vez, comprenden varias especies y variedades. Separadamente son estudiadas las plantas acuáticas y los corales, que supone Teofrasto que son plantas petrificadas. El autor reconoce la homogeneidad de los grupos de las palmáceas, leguminosas, coniferas, gramíneas, etc., es decir, de algunas familias de la sistemática moderna. En el curso del tratado halla modo de exponer algunas ideas de fisiología vegetal, que no carecen de importancia: por ejemplo, atribuye a las hojas el significado de órganos de la nutrición, y a las flores una vaga distinción en los dos sexos, así como observa por vez primera los cotiledones u hojas embrionarias- Finalmente, Teofrasto no omite largas referencias, con miras a la agricultura, sobre las plantas útiles y cultivadas, a propósito de las cuales demuestra haber analizado el complejo fenómeno de la maduración de los higos. La obra de Teofrasto fue considerada por sus contemporáneos y por los antiguos con mucho entusiasmo, porque venía a completar la obra de Aristóteles, más directamente zoológica. En realidad, entre la Historia de las plantas de Teofrasto y la de los animales, de Aristóteles, existe una fuerte diferencia, porque esta última crea una clasificación que deriva de muchísimas observaciones anatómicas sobre los más diversos animales, mientras que Teofrasto se limitó a hacer un examen de las formas exteriores y las dimensiones de las plantas. Por ello, en la actualidad, Teofrasto tiene solamente un interés histórico, sin que subsista ninguna vinculación entre su clasificación y la moderna.
C. Barigossi

