[El libro del Maestro Han Fei]. Obra del escritor chino Han Fei (m. en 230 a. de C.), discípulo de Hsün Tzú, comentador del Tao Tê Ching (v.), apasionado cultivador de doctrinas jurídicas. Dotado de vastísima cultura, es al mismo tiempo escritor excelente.
El libro contiene cincuenta y cinco capítulos, algunos de los cuales tienen fragmentos apócrifos y sólo siete u ocho contienen su auténtica doctrina. La mayor parte del libro está dedicada a la interpretación del egoísmo individual; el autor, después de haber reunido numerosos hechos en apoyo de su tesis, pasa a comprobar la necesidad de una vigilancia estrecha de ese egoísmo por medio de la legislación. «El médico y el vendedor de ataúdes, al esperar ganancias de las enfermedades o muertes, cometen fácilmente injusticias». Hasta entre padres e hijos entran en juego los intereses personales; por esto existe la preferencia por los hijos y no por las hijas, porque éstas, al casarse, deben marchar con sus maridos, mientras los hijos quedan en casa para servir a los padres. En la antigüedad, continúa nuestro jurista, aunque el hombre fuera egoísta por naturaleza, como había poca gente y mucha tierra, no se originaban tantos conflictos; hoy, en cambio, la población crece, y la tierra sigue siendo como antes; por esto surge la lucha por la vida, lucha que no puede ser superada con prohibiciones, y mucho menos con las virtudes; y, por lo tanto, es imposible aplicar los principios antiguos a la vida de hoy. El justo motivo de la legislación consiste en proteger a los buenos súbditos, porque los ritos y la justicia los practican, en realidad, sólo unos pocos virtuosos y no las masas.
El único remedio consiste en la severidad de la ley, que sirva para eliminar los delitos: por consiguiente, es menester reforzar la pena, aplicándola sin distinción tanto a los nobles como a los intelectuales, como al pueblo, etc. No se debe confundir nunca, como hacen las mujeres, el amor con la ley. El gobernante debe conocer objetivamente el verdadero significado de la ley, ser, sobre todo, natural, y atenerse a la norma de «no obrar» (idea de Lao Tzü). Podríamos decir que Han Fei Tzú está imbuido de un espíritu empírico como los hombres de ciencia modernos. Por lo tanto, es poco favorable al puro razonamiento y a la intuición; rechaza las enseñanzas de los sabios antiguos y los métodos poco prácticos, como el «sofismo». Muchos estudiosos estiman que su doctrina deriva de Lao Tzü. Esto podría no estar equivocado en cuanto a ciertos principios teóricos, pero sí respecto a la parte práctica de su doctrina. Sin duda, su maestro, Hsün Tzú, el cual sostiene que la naturaleza humana es mala «a prior i», ejerció mucha influencia en este jurista; pero su apelación a la necesidad de que la legislación sea autónoma, al espíritu práctico, a la capacidad de aferrar la actualidad, y su negativa a aceptar la antigüedad, etc., muestran a lo largo de toda la obra la originalidad del discípulo.
P. Siao-Sci-Yi

