[Colección de Han Ch’ang-li]. Título de la recopilación de Hang Yü (768-824), poeta y filósofo chino, llamado también Han Ch’ang-li. La poesía de Han, impregnada de profunda melancolía, se propone toda ella evocar la tristeza de su mísero destierro. En efecto, Han Yü por haber vituperado al emperador, había sido trasladado de la corte, donde ocupaba un alto cargo, al gobierno de un pequeño distrito junto a la frontera: país desolado, rodeado de escabrosas montañas, lleno de peligros y animales feroces, con un río que corría furiosamente, y donde habitaba gente que hablaba una lengua «como la de los pájaros» (esto es, incomprensible): «Reposan las nubes sobre la colina Ch’in; ¿dónde está mi casa? La nieve cubre la barrera Lan, el caballo no quiere seguir adelante. ¡Oh tú, que triste vienes de lejos! ¿Vendrás a la orilla del Chang-kiang, a recoger mi último llanto?» Todos sus versos muestran una rica sensibilidad y un delicado sentido del arte. La prosa de Han es, por lo demás, superior a su poesía en nitidez de pensamiento y vivacidad de estilo, y constituyó una verdadera revolución literaria contra los obstáculos que la antigua tradición (el estilo P’ien-wén) oponía a la libre expresión del pensamiento.
El más famoso de sus fragmentos en prosa es aquel en que expone los principios de su doctrina filosófica, en franca oposición con el Taoísmo de Lao Tzü, acusado por él, no sin precipitación, de exageradamente subjetivo y de bárbara moral; una crítica semejante dirige al budismo; doctrina bárbara que sería una vergüenza para los chinos acoger y practicar. Han Yü, en cambio, se muestra ardiente defensor del confucionismo, y como tal ejerció vasta influencia en la historia de la religión y de la cultura china. Literato con nobles ambiciones políticas, hombre de cultura más que filósofo, apasionado por los problemas morales y su aplicación a la vida social, teorizó sobre el contenido tradicional del confucionismo con apasionada elocuencia. En cuanto a la naturaleza humana y a los sentimientos, sostiene la existencia de un monismo: cuando la naturaleza es buena, los sentimientos son también buenos. Tanto la naturaleza como los sentimientos se distinguen en tres grados: «superiores», los que son buenos; «inferiores», los malos; y «medianos», los buenos o malos, según la educación. Exaltado como héroe del confucionismo, Han Yü merece ser recordado por su rica y vigorosa personalidad que confiere a sus páginas una limpia claridad de pensamiento y un tono de vivaz y noble elocuencia. Cfr. J. Chalmers, Han wan kung, «China Review» volumen I; T. Watters, The Life and Works of Han Yü, «China Review», vol. VII.
P. Siao-Sci-Yi

