Futuhat Al-Makkiyyat, Abu Bakr Muhammad ibn ‘Alí ibn ‘Arabi

[Las reve­laciones mecanas]. Es la principal obra del gran místico arabigoespañol Abu Bakr Muhammad ibn cAlí ibn cArabi (1165-1240), conocido por Muhyí al-dm («vivificador de la religión»). El título completo de la obra es Al-futuhát al-makkiyyat fi macarifat al- asrar al-malikiyya wa-l-mulkiyya [Las re­velaciones mecanas acerca de los misterios de los conocimientos del Rey (Dios) y del reino (mundo)]. Ibn cArabI profesó el su­fismo antes de los 20 años — acerca de los maestros de espíritu que contribuyeron a su formación, trata en su Risálat al-quds (v.) —, viajó largo tiempo, estableciéndose luego en la Meca, de donde más tarde vol­vió para errar por el mundo. Sus doctrinas esceticomísticas han sido estudiadas por el arabista español Miguel Asín Palacios, en especial en la obra titulada El Islam cris­tianizado. Estudio del «sufismo» a través de las obras de Abenarabí de Murcia (Madrid, 1931) — aunque se basa en seis obras, con exclusión de la que nos ocupa —. Las Futühat forman una obra muy extensa, que ha sido objeto de numerosos comentarios; su contenido es poco sistemático, sin tra­bazón, regido únicamente por razones eso­téricas, por lo cual ha sido calificada de «Biblia del esoterismo musulmán».

El fin que se propone es dar a conocer a dos ami­gos suyos las intuiciones recibidas de Dios durante su estancia en la Meca. Se com­pone de una larga introducción, que con­tiene un sermón que Dios inspiró al autor en sueños. El conjunto se divide en seis partes, que comprenden unos 560 capítulos. Esas seis partes están dedicadas a: cono­cimientos intuitivos, procedimientos ascé­ticos, estados extáticos accidentales, grados de perfección mística, uniones mutuas del alma con Dios y, la sexta, a los estados extáticos definitivos. En ella, Ibn cArabí sustenta una teoría monista: la existencia de las cosas creadas sería la existencia misma del Creador; funde el concepto neo- platónico del Logos y la doctrina de la ema­nación con las más extrañas interpretacio­nes alegóricas de frases y palabras coráni­cas, con todo lo cual construye un extraño sistema cosmológico. En el conjunto se apre­cia que el autor realizó una síntesis de co­sas muy heterogéneas e incluso contradic­torias. La obra está escrita con un lenguaje muy particular, en el que usa y abusa de metáforas (sobre todo a base de la luz), así como se vale de símbolos y alegorías de muy diversa índole.

D. Romano