Fundamentos de la Filosofía del Porvenir, Ludwig Feuerbach

[Grundsätze der Philosophie der Zukunft]. Obra filosófica de Ludwig Feuerbach (1804-1872), publicada en 1843. Des­pués de que en los Pensamientos sobre la Muerte y la inmortalidad, Feuerbach había renovado la idea de Hegel, insistiendo en la inadecuación del concepto a la realidad y sosteniendo (en su crítica de la filosofía hegeliana) que la esencia de la naturaleza es la «individuación», desarrolla aquí ulte­riormente su concepto ya madurado en la Esencia del Cristianismo (v.). Verdadera realidad es la naturaleza sensible, que es siempre individual y no puede ser dedu­cida de la idea y de lo universal, que son solamente imágenes ilusorias de la indivi­dualidad natural. El espíritu no es la natu­raleza, sino su pálida imagen: el desdobla­miento del individuo. En el fenómeno, el ser se manifiesta de una manera completa y adecuada; la realidad no es otra cosa que sensibilidad. «Verdad, realidad, mundo de los sentidos, son cosas idénticas… Donde no hay sentidos no puede haber objetos reales».

Al contrario de la filosofía antigua, que partía de la siguiente premisa: «yo soy un ser abstracto, únicamente pensante, mi cuerpo no forma parte de mi ser», la filo­sofía moderna empieza con la tesis «yo soy un ser real, sensible; el cuerpo forma parte de mi ser, es más, en su conjunto es mi mismo ser». Solamente allí donde el mun­do de los sentidos empieza, toda duda y discusión cesa. A primera vista, esto sue­na como una aseveración aún más enfá­tica que el cenismo de Loche, y aún co­mo una modernización del viejo epicureismo y de – las teorías de Telesio. Pero el sensismo de Feuerbach no es propiamen­te materialista puesto que él no consi­dera la fuerza como cualidad exclusiva de la materia: esto se resuelve en una es­pecie de idealismo. El ser es un secreto de la intuición, de la sensación, del amor. Solamente en la sensación, solamente en el amor, el «esto», esta persona, esta cosa, o sea, lo individual, tiene un valor absoluto. Siguiendo este camino, Feuerbach atribuye a la sensación un valor no sólo antropoló­gico, sino también metafísico, siendo la sen­sación la verdadera substancia de todo lo que es espiritual: no sólo la cosa, sino también el yo son el objeto de los senti­dos. Todo es, pues, perceptible por los sen­tidos por lo menos mediatamente, con los sentidos perfeccionados por la educación, con los ojos del filósofo». Ampliada así la acepción del «sensismo» hasta llegar a in­cluir en él los sentimientos internos, incluso intelectuales y «perfeccionados» por la edu­cación, y los «ojos del filósofo» combinados con la influencia de las ideas adquiridas y con el elemento intelectual, la palabra sue­na de una manera ambigua e impropia, o mejor, equívoca.

Y esto revela claramente la íntima contradicción del pensamiento de este filósofo que se manifiesta asimismo en su moral. Verdaderamente, la oposición de Feuerbach a la idea universal y su insis­tencia sobre la exclusiva realidad de lo in­dividual, solamente objeto de nuestro saber, no es más que un episodio de la milenaria contienda entre nominalistas, conceptualis­tas y realistas, y un retorno a la posición de Escoto y de Ockham. La importancia de la obra, más que del pensamiento, es, pues, histórica, por la influencia que ejerció so­bre el pensamiento alemán idealista y re­ligioso, volviéndolo hacia la concepción más individualista, agnóstica y positivista de la vida, que dominó en la segunda mitad , del siglo XIX como base de movimientos radicales y revolucionarios.

G. Pioli