Fuegos de Vivac, Alfredo Oriani

[Fuochi di Bivacco]. Colección de artículos de Alfredo Oriani (1852-1909), que en este género alcanzó una perfección insuperada. «En sus artícu­los periodísticos — escribió Giovanni Papi- ni — fue eminentísimo. Aquel poder de re­montar del hecho pequeño a la gran idea, del momento efímero al más remoto pasa­do, al más fantástico futuro, de lo indivi­dual a lo universal, de la materialidad de la apariencia a la pureza de una idea des­tinada a superarla, refulge en él increíble­mente, como si quisiera dar, en sus últi­mos años, sus pruebas más heroicas». Se reúnen en esta obra los mejores artículos de Oriani, todos los aspectos de la vida contemporánea son tratados en ella: desde las cuestiones políticas, sociales, religiosas, a las artísticas, filosóficas y literarias. Son notabilísimos los artículos sobre Dante, Mazzini, Wagner, Balzac, Zola, Napoleón III, Proudhon, Spencer, Nietzsche, Barrés, Prévost, León XIII, el cardenal Rampolla, el rey Humberto, la reina Margarita, Bülow, Chamberlain, Cecil Rhodes, Zanardelli, Giolitti, retratos vivacísimos, que por su po­tencia recuerdan los de la Lucha política (v.).

No faltan indicaciones verdaderamen­te proféticas, que habían de hallar su con­firmación en los años sucesivos: véanse los artículos sobre Rusia, el Japón, Turquía, el Imperio inglés, el Papado, la democracia cristiana, los judíos. Ciertos juicios incisi­vos no se olvidan jamás; de Balzac dice: «La vida no supo esconderle su secreto ni la filosofía su misterio, ni la ciencia su enigma; encerrado en su estancia noche y día, veía como a través de una alucinación». De Zola: «Había inventado una estética más absurda todavía que la de Wagner por­que estaba fundada en la ciencia y hubiera querido referirlo todo a la ciencia, mientras triunfaba de ella a menudo, olvidándola en el vuelo de su instinto tras algún se­creto de la modernidad». De Nietzsche: «Profundo y obscuro, nebuloso y relam­pagueante, vino para contestar a la nueva tiranía del socialismo; entre las inevitables y a menudo desagradables falsificaciones de su espíritu, resplandece una maravillosa vi­sión de la realidad como las inesperadas iluminaciones boreales, un incendio lúcido y coloreado, como de llamas diluidas, de gemas evaporadas». De Wagner: «Fue un liberador precisamente porque hoy parece un tirano: no pudo alcanzar la suprema ver­dad por las deformaciones que le imponían un sistema crítico y demasiadas exagera­ciones de la voluntad». De Rossini: «Era de aquellos artistas en los cuales la cabeza es todo el cuerpo y toda el alma, y se hacen admirar más que amar; realizan tal vez una revolución, pero no alcanzan el fondo de ella».

M. Missiroli