Fors Clavigera, John Ruskin

Colección de 96 car­tas dedicadas a los «Obreros y trabajadores de Inglaterra» por el crítico de arte y reformador social inglés John Ruskin (1819- 1900), publicadas entre el 1871 y el 1884. El carácter de esta miscelánea «morrena de piedras separadas y aparentemente inco­nexas», que forma cuatro grandes volúme­nes, sólo puede entenderse teniendo presente la trayectoria espiritual de Ruskin, que desde la crítica pictórica se elevó a la concepción de un arte como representación de realidades bellas y expresión de júbilo. Para conseguirlo es, empero, necesario «ha­cer» al mundo bello y bueno: y de este modo se sintió fatalmente empujado a convertirse en apóstol y activo propugnador de reformas sociales. Fors clavigera (la For­tuna que lleva las llaves) define está mi­sión: «Yo no puedo ya pintar, ni leer, ni mirar un mineral, ni hacer nada que me sea agradable… porque he visto demasiada miseria… He empezado a escribir Fors cla­vigera para pagar mi tributo». La obra tie­ne el carácter de un ensayo utópico de reconstrucción social, al mismo tiempo que es una «confesión» personal y una profe­sión de fe. Revela una profunda influencia de Carlyle, y es una crítica de las últimas décadas del siglo XIX.

Las formas de go­bierno son menos importantes que la rea­lidad de los gobernantes y gobernados; es un deber del Gobierno proveer de lo nece­sario para la vida y la educación, y sumi­nistrar las materias primas para trabajar: todos debemos trabajar para vivir; las pro­fesiones «mercenarias», como predicar, le­gislar y combatir, deben ser abolidas; hay que mantener un número limitado de sa­bios, pintores y músicos; el trabajo debe ser organizado por el Estado, que debe también proveer a las necesidades de los indigentes. Finalidad última de la educa­ción es hacer que cada uno lleve a cabo trabajos^ útiles con alegría y perfección; la educación intelectual debe hacer adquirir las facultades de admirar, esperar y amar. Sin embargo, Ruskin no procede nunca por vía abstracta: no parte nunca de principios para descender a aplicaciones, sino que si­gue el proceso opuesto, alternando la ter­nura con la ironía y con el tono profético. Otro aspecto de Fors clavigera es el de la «confesión personal autobiográfica». Es no­table la manera con que Ruskin se defiende de no haber empezado dando el ejemplo de repudiar los intereses del capital: «Toda la estructura de la sociedad está hoy día tan ligada con los intereses de los capitales y de la guerra, que no es posible desarraigarla por la violencia».

Pero esta actitud no le satisfacía, y antes de morir obró en consecuencia con sus principios. Su confe­sión religiosa es asimismo completa: pro­clama el carácter sagrado de la Naturaleza como revelación de Dios, y del hombre co­mo intérprete del Dios de la Naturaleza. Enseña el servicio del hombre en loor de Dios. Aunque en general Fors clavigera es una utopía, la inspiración que anima las 96 cartas ha sido eminentemente estimulan­te para el pensamiento y la vida, digna compañera de armas de Muñera pulveris (v.) y de Tiempo y Estación (v.).

G. Pioli