Fisiología del Placer, Paolo Mantegazza

[Fisiología del piacere]. Estudio de Paolo Mantegazza (1831-1910), escrito a los 23 años, publi­cado en Milán en segunda edición, en 1859. Divididos los placeres en tres clases: del sentido, del sentimiento y del intelecto, el autor los analiza separadamente y, en una segunda parte, hace la síntesis. De los pla­ceres de los sentidos habla en tres capítu­los dedicados a los placeres del tacto, nor­males y patológicos; en otros tres capítulos, y de ellos hace la fisiología comparada y el análisis, de los placeres sensuales, estudia sus diferencias según la edad, el sexo, etc.; y, separadamente, examina los patológicos; luego estudia los placeres del gusto, del ol­fato, del oído y de la vista. Sigue un ca­pítulo sobre los placeres de la embriaguez y su influencia sobre la, salud de los in­dividuos y el progreso de la civilización. Más extenso desarrollo tiene el tratado de los placeres de los sentimientos: de los que provienen del’ amor a nosotros mismos, de los del egoísmo, de los mixtos, especialmen­te los placeres del pudor, de los placeres causados por el sentimiento de la propia dignidad y honor, de los fisiológicos, del amor propio y de los semipatológicos de la gloria y de la ambición, etc.

En el tercer tratado, entre los placeres del intelecto, se enumeran también los placeres de la me­moria, las alegrías de la imaginación, los placeres de la voluntad, etc. En la segunda parte, el autor intenta construir una his­toria natural del placer; trata de las dife­rencias del placer según el sexo y las distintas edades de la vida. Traza paradóji­camente una tabla de «distribución etnográ­fica del placer» (con índices de capacidad, para cada pueblo, de gozar de los placeres de los distintos sentidos, sentimientos, fa­cultades intelectuales), y una geografía fí­sica y etnográfica del placer. El estudio termina con un intento de filosofía del placer que viene a terminar en veinte de­finiciones, desde las más materialistas, a la última de carácter metafísico: «Una pre­visión concebida por el Creador en el acto de plasmar el universo». Falta de madurez en los juicios, desórdenes en la exposición, desproporción en las partes, nada falta de todo esto — defectos de juventud que irán atenuándose, sin desaparecer del todo, en otras obras sucesivas —, unido a los me­jores méritos de juventud literaria que hi­cieron popular el libro, asegurando la fama del fecundo escritor y vulgarizador de la ciencia en menoscabo, a veces, del rigor científico.

G. Pioli