[Existenzphilosophie]. Obra en alemán de Karl Jaspers (n. 1883), publicada en 1938, e integrada por tres conferencias dadas en Francfort por el autor, que es el más típico representante de la «filosofía de la existencia» contemporánea. Se refiere a la crisis de la conciencia actual, en la cual el valor de la personalidad individual parece estrellarse en la dialéctica del devenir histórico. Jaspers pertenece al grupo de filósofos existencialistas (Nietzsche, Kierkegaard, Heidegger) que, partiendo de la dialéctica de Hegel, orientan sus especulaciones sobre el problema de la vida, para sacar a la luz su esencia profunda, inaprehensible en sus elementos irracionales y en sus antinomias. El existencialismo de Jaspers es esencialmente religioso: la experiencia de la Trascendencia (entendida como frontera de la especulación), lleva al pensamiento a naufragar en el infinito y a sentirse, aislado en sus elucubraciones, como una inútil y vana limitación. Con Hegel, el problema de la individualidad parecía haberse resuelto, una vez para siempre, en el gran «logos» universal, según el gran principio de que «todo lo que es real es racional, y todo lo que es racional es real».
En Jaspers la antítesis hegeliana, que en la tríada dialéctica se resolvía en la síntesis, se representa con toda su crudeza: el individuo no encuentra, en el devenir histórico del universo, la conciencia de la propia función; el misterioso anhelo de la personalidad individual, no se disuelve en la vida del Todo; la soledad de la conciencia particular lleva consigo misma un destino que incide, pero que no se resuelve en el mismo destino del mundo. Jaspers quiere empujar al idealismo alemán hasta su inevitable naufragio, para experimentar en el naufragio la necesidad de una vuelta al misterio de la Trascendencia que Hegel había negado. Él va más allá de Nietzsche y de Kierkegaard, los cuales, uno con su superhombre rebelde, y el otro con su experiencia religiosa, han sostenido la irracionalidad del ser vivo contra el «racionalismo» hegeliano. Para Jaspers, la filosofía no sólo debe destruir, sino también construir; debe descifrar y expresar — en forma de comunicación — el significado de aquella Existencia y Trascendencia que Nietzsche y Kierkegaard solamente indicaron. Tres son, pues, los temas de la obra: el pensamiento, que, intentando resolver el misterio divino, naufraga, el sentido de la existencia y el sentido de la trascendencia. La vida humana es «comprensividad infinita»; por más vasto que sea el horizonte especulativo que nuestro pensamiento ha creado para sí mismo, todo horizonte está a su vez circunscrito en otro más vasto. El propio pensamiento tiene conciencia de que todos sus actos son limitados frente a la infinita profundidad de la noche; pero precisamente en este naufragio del pensamiento, el yo adquiere conciencia de la trascendencia, que nos habla a través de un lenguaje cifrado, que se revela en la íntima comunicación de las infinitas individualidades.
Así, la existencia del ser contingente («Dasein») se aclara sólo frente a la trascendencia, porque descubre que sólo entrando en comunicación con las infinitas verdades del mundo, puede ella captar el sentido de la verdad existencial. Por esta posición del yo frente al todo brota la importancia de la Filosofía, la cual debe ser el medio práctico y eficaz para dar a la conciencia particular la conciencia de su valor, frente a lo trascendente, de la cual la realidad natural es sólo un símbolo, y para empujarlo a una cada vez más profunda comunicación en que toda existencia se limita y se aclara frente a las otras. El pensamiento complejo y simbólico de Jaspers es la última expresión de la filosofía alemana contemporánea.
O. Abate

