Eureka: ensayo sobre el universo material y espiritual, Edgar Alian Poe

[Eureka: an essay on the material and spiritual universe]. Poema en prosa del norteamericano publicado en 1849. En esta obra, que quiere ser un «libro de verdad» por la belleza que «en la verdad abunda», el autor se propone hablar «del universo físico, metafísico y matemático, material y espiritual; de su esencia, origen, creación, condición presente y destino».

Partiendo de la proposición que «en la unidad original de la causa primera se encuentra »la causa secundaria de todo, con el germen de su inevitable disolución», explica la ley de la gravedad con el hecho de que la materia ha sido irradiada, en su origen, atómicamente, en una esfera limi­tada del espacio, de una partícula única, individual, incondicional, irrelativa y ab­soluta a la que tiende naturalmente a vol­ver; el universo es un espacio esférico donde están esparcidos grupos, dispuestos irre­gularmente, en torno a los cuales se ex­tienden los desmesurados desiertos de un espacio deshabitado. Pero, individualmente, el autor está convencido de que existe una ilimitada sucesión de universos fuera del nuestro, existiendo independientemente, cada uno «en el seno de su Dios propio y particular».

Todo el universo en su in­mensidad es obra de Dios y nos lo prueba la recíproca adaptación entre el hombre y la naturaleza; Dios siente la necesidad de ordenar el universo simétricamente, pues el sentido de la simetría es la esencia poé­tica del universo que, en su suprema sime­tría, no es más que el más sublime de los poemas. Simetría y coherencia son térmi­nos conversibles, como poesía y verdad; el hombre no podrá, pues, errar cuando se deje llevar por el instinto poético. Como originariamente los átomos se precipitaron uno hacia otro reuniéndose en sistemas o grupos hasta crear la condición existente del universo, así podrá producirse un día una precipitación aparentemente caótica de las lunas sobre los planetas, de los planetas sobre los soles y de los soles sobre los núcleos, hasta que todos los cuerpos este­lares se hayan fundido en la sustancia de una única órbita central. Cuando toda la ma­teria se haya unido así, expeliendo el éter y permaneciendo por ello carente de atracción y repulsión, ya no estará mate­rializada y caerá en la nada, de donde había sido llamada por Dios.

El globo de los globos desaparecerá entonces y Dios permanecerá «todo en todo». Se podrá te­ner entonces otra creación e irradiación, otra acción y reacción de la voluntad di­vina : un nuevo universo podrá nacer y caer en la nada a cada palpitación del corazón divino. Pero ese corazón divino no es más que nuestro mismo corazón; pues cada es­píritu es en parte el propio Dios, el propio creador. Con el tiempo, el sentido de la identidad individual se sumergirá gradual­mente en la conciencia general, y el hom­bre, olvidando insensiblemente sentirse hombre, reconocerá su propia existencia como la de Jehová. Basta recordar por aho­ra que «todo es vida —vida en la vida — la menor en la mayor y toda ella en el espíritu divino». Este ensayo poético-filosófico —adaptación, en su primera parte de la teoría cósmica enunciada por Boscovich en 1758-59 y modificada por Faraday en 1844— no posee, pese a su aparente clari­dad y lógica, un valor filosófico. Y es pro­bable que no quiera tenerlo, o que no quie­ra tenerlo en sentido explícito. Su valor es simbólico como todo lo que Poe ha escrito.

Inconsciente de sí mismo; luego, incapaz de individualizar y dialectizar. Pero el sentido de la unidad del mundo, de su espirituali­dad, de la identidad del hombre con Dios y con el espíritu universal en una especie de panteísmo triunfante, ha inspirado en algunas páginas un entusiástico «pathos». En la obra de Poe, poeta de la muerte y de la disolución, Eureka representa, con su conmovedora ingenuidad filosófica, el anhe­lo de una sosegadora y optimista concepción de la vida.

A. P. Marchesini

En estas páginas se revela un pensamiento magistral, aunque dominado por una especie de insuficiencia, o de una voluntad de reserva, de una repugnancia del alma entusiasta a difundir lo más precioso que ha descubierto. (Valéry)