Epistolario de Mazzini

Cartas de Giuseppe Mazzini (1805-1872), publicadas primero en colecciones parciales y después en forma completa en una Edición Na­cional. Constituyen indudablemente un pre­cioso documento de excepcional impor­tancia, tanto para la comprensión del pen­samiento político del autor, como para la reconstrucción de su personalidad y su vida. Un grupo aparte lo forman las cartas (edi­tadas también por separado) dirigidas a Giuditta Sidoli (1804-1871), la mujer que fue debida al deseo de no obstaculizar las acercó al corazón de Mazzini: estas cartas datan de febrero de 1834 a diciembre de 1835. La interrupción de la correspondencia fue debida al deseo de no obstaculizar las relaciones entre ella, patriota desterrada y perseguida, y sus hijos, custodiados en el Ducado de Este por su suegro, reaccionario y austrófilo.

Poseemos una última carta que dirige a Giuditta, escrita pocos días antes de la muerte de ésta, carta que confirma un amor conservado a lo largo de toda su vida. Las encendidas cartas del 1834 y 1835 prueban una vez más que nada grande nace o se realiza sin pasión. Otro grupo nume­roso e importantísimo es el de las cartas a su madre, María Drago (1747-1852). Maz­zini aparece generalmente como el hijo amantísimo que se confiesa ante una ma­dre capaz de verdadera comprensión; otras veces es el conspirador que explica a su primera educadora e inspiradora los moti­vos de su actividad; finalmente, en muchas de estas cartas, es el hombre que, tras dar noticias de sí mismo a un espíritu amigo, se extiende en manifestaciones de su vida tan vigorosa que llegan a constituir verda­deras páginas artísticas: véase, por ejem­plo, la carta del 18 junio 1840. Las cartas dirigidas a otras personas son, en su ma­yor parte, de asunto político y contienen proyectos, aclaraciones, juicios indispensa­bles para comprender no sólo cómo «fue hecha» Italia, sino por qué la realidad practicable de todo ello resultó inferior a lo soñado.

Véase la carta a un desconoci­do, de mayo del 1834, sobre la expedición a Saboya; la dirigida a Gioberti, del 15 de septiembre del mismo año; otra a su ma­dre sobre las conquistas coloniales, del 7 de agosto del 1845; a Campanella, contra el reformismo, del 23 de diciembre de 1847; a Garibaldi, del 2 y 17 de junio de 1849. En una carta a Fabrizi de enero de 1847, aparece el primer indicio de una posible acción en el Sur, que gira alrededor del desembarco de un vapor fletado o captura­do por un golpe de mano corsario: idea que vuelve a presentarse en la carta a Bertani y Medici de noviembre del 1857, que con­tiene, junto con la apología de Pisacane, las líneas singularmente proféticas de la empresa que fue llevada a cabo poco más de dos años después con el desembarco en Marsala. Son importantes también las car­tas a Diamilla-Müller, mediador entre él y Víctor Manuel II, sobre la campaña proyec­tada para 1863 y abortada sin que pueda achacarse la culpa al rey ni a él. Hay una, llena de verdad, de noviembre del 1869, en que habla a Narratone sobre la «monoma­nía anticlerical» de Garibaldi. Una de las últimas, de enero de 1872, a Aldisio-Sammito, reafirma su fe religiosa contra los «li­brepensadores» materialistas e intolerantes.

G. Alliney