Epistolario de Grigorás

Importante colección de cartas de Nicéforo Grigorás, uno de los hombres más significados de Bizancio en el siglo XIV. Fue publicada hace pocos años en París por R. Guillaud (París, 1927). El Epistolario es un notable complemento de la Historia Bizantina (v.), del mismo autor, porque nos da muchos detalles .sobre la vida del escritor y de la época en que vivió, época que para nos­otros está, bajío muchos aspectos, envuelta todavía en la sombra. Algunas cartas nos documentan acerca de la formación espiri­tual del autor y sobre su actividad profe­sional, científica y politicorreligiosos; otras se refieren a las cordiales relaciones que mantuvo con eminentes personajes de su tiempo, entre ellos, Teodoro Motochite, el hombre más notable de aquel ambiente lite­rario, maestro del autor, el emperador Andrónico II, Demetrio Cidón, Tomás Magistro, Nicéforo Cunmo, etc., cartas que nos dejan entrever la fama de que debía gozar en su tiempo; otras, en fin, nos informan sobre la parte que tuvo Grigorás en la lucha con los esicastos.

Pero, desgraciadamente, las cartas que a nosotros han llegado, son casi todas anteriores al 1345, habiéndose perdido las otras, o hallándose tal vez en códices inexplorados hasta hoy. Y precisa­mente, el período más interesante de la vida de Grigorás es el posterior a 1340, cuando el monje calabrés Barlaam provocó la lucha esicasta que debía pronto transformarse en una lucha religiosa y política, en la que Grigorás fue la «pars magna». Sobre este período el epistolario guarda si­lencio. A pesar de ello, es un documento de notable valor para aquel período difí­cil y decadente, tanto en lo político como en lo moral, período que llevará a la caída del imperio de Oriente en manos de los turcos. Algunas cartas, en efecto, hablan ya de los avances de los invasores mongoles hacia Bizancio. Desde el punto de vista del estilo, las cartas, igual que la Historia Bi­zantina, revelan los defectos de la época y, en particular, los del autor.

Siguiendo la costumbre de la época, en el que se ren­día casi un culto a los clásicos, las cartas de Grigorás están salpicadas de citas, de «flosculi», sobre todo homéricos, y se acu­mulan en ellas las metáforas, imágenes y comparaciones, que manifiestan un mal gus­to casi barroco. Estos aspectos son más evidentes en las cartas dirigidas a per­sonajes del mundo literario, en las que el autor, adoptando un tono oratorio, y que­riendo demostrar su habilidad y su cultu­ra, cae en la petulancia y el amanera­miento.

S. Impellizzeri