Ensayos de Filosofía e Historia de la Ciencia de Langevin.

Además de los ensayos compilados en 1923 con el tí­tulo La física durante los últimos veinte años (v.) Paul Langevin (1872-1946) pu­blicó varios ensayos que son algo más que un mero complemento de aquel volumen. Estos ensayos de filosofía e historia de la ciencia son quizá las obras más vivas de Langevin y revelan su pensamiento en su fase más madura. Muestran no sólo su gran inteligencia, sino su vigilante y humana conciencia moral. Aquí nos limitaremos a una sumaria indicación. Quien desee una idea más completa de ellos deberá leer y meditar su texto. Léanse también los núms. 10 y 12 (1947) de «La Pensée»; el núm. 12 está dedicado casi por entero a Langevin.

Otros interesantes juicios sobre Langevin pueden leerse en «L’Humanité» del 20 de diciembre de 1946. Los ensayos que recordaremos se refieren al período de 1939-46, pero debemos también señalar al­gunos del período comprendido entre 1913- 34, esto es, el ensayo sobre Poincaré, la conferencia sobre el valor educativo de la historia de la ciencia, la conferencia de clausura del curso, organizado por él, sobre la teoría de la relatividad y la referente a la noción de corpúsculo y átomo. El en­sayo sobre Henri Poincaré como físico, pu­blicado en la «Revue de Métaphysique et de Morale», de 1913 (págs. 675-718), es el escrito más importante sobre el tema. Se puede decir que nadie supo, mejor que Langevin (son palabras suyas), «poner de relieve la prodigiosa actividad mental, la extraordinaria rapidez de comprensión, que condujo a Poincaré a interesarse por los problemas más difíciles y diversos, ejer­ciendo sobre su desarrollo una influencia de primer orden, mediante una colabora­ción cotidiana y fecunda».

Sobre el aspecto filosófico del pensamiento de Poincaré, Langevin no insiste. Admite que las teorías físicas son. formas del lenguaje, más o me­nos claras o convenientes, pero recalca que lo que cuenta es la realidad profunda que se oculta detrás de los símbolos. Dice Langevin que la posibilidad de traducir un mismo hecho de una lengua a otra no debe hacer olvidar lo esencial, que es la existen­cia del hecho. Los hechos son las relaciones entre las cosas, revelados por la experien­cia; y tienen valor porque son iguales para todo; son una riqueza común en continuo aumento. La teoría sirve para expresarlos y al mismo tiempo hacerlos inteligibles y utilizables. Lo mejor de este „ensayo, lo que lo hace de lectura atractiva como una bella obra de arte, hasta en sus puntos más técnicos, es el lúcido entusiasmo que lo penetra todo y hace de él al propio tiem­po una obra de historia y de ciencia ac­tual. La conferencia sobre el valor educa­tivo de la historia de la ciencia fue publica­da en el «Bulletin de la Societé française de Pédagogie» de diciembre de 1926, en la redacción del Prof. M. Guibé.

El autor com­bate el rígido carácter dogmático que tiene en ciertas escuelas la enseñanza científica. La enseñanza pierde así en interés y con­duce a la impresión falsa de que la ciencia es cosa definitiva y muerta. Para combatir el dogmatismo es instructivo persuadirse de que los fundadores de las nuevas teorías, más y mejor que sus repetidores y conti­nuadores, se han dado cuenta de los pun­tos débiles de sus sistematizaciones. Olvi­dadas luego sus reservas, lo que era hipó­tesis se vuelve dogma, y entonces es nece­sario un esfuerzo violento para restablecer el acuerdo con la experiencia. Remontándose a la fuente, se aclaran las ideas y se ayuda a la ciencia, en cuanto actividad en continuo progreso y no fórmula vacía; y no sólo en el mundo de las ideas sino en el mundo civil, social y político. En los períodos de reacción hasta la enseñanza de la ciencia experimenta mutilaciones. El es­crito, La Relativité-Conclusión genérale (París, 1932; pp. 13) es un comentario a las cuatro conferencias sobre la relatividad que por iniciativa del propio Langevin, habían pronunciado en el Centro internacional de Síntesis E. Bauer, L. de Broglie, F. Perrin y G. Darmois, y es una interpretación de la teoría de Einstein.

Es muy interesante lo que dice el autor sobre las relaciones entre el principio de causa y la relatividad, sobre la acción a distancia, sobre la fecundidad de la teoría einsteniana. Según él, el es­fuerzo científico no es ni arbitrario ni ais­lado y no puede desarrollarse sino man­teniendo el contacto con todos los recursos de la colectividad humana. En la conferen­cia La notion de corpuscules et d’atomes (París, 1934, 8.°, pp. 47), pronunciada el 16 de octubre de 1933, en la inauguración del Congreso internacional de química-físi­ca, Langevin quiere hacer balance de la física en aquel momento o, por decirlo con sus palabras, quiso presentar luces y som­bras para hacer un cuadro, lo bastante vivo de la situación. Reconoce que las luces son ricas y las sombras llenas de promesas y, aun aceptando, como es natural, la física de hoy, considera el indeterminismo como provisional.

Dice que no es lícito negar el determinismo por el solo hecho de que la naturaleza no responde de modo preciso cuando le hacemos una pregunta relativa al móvil corpuscular. Es más sencillo decir que el problema está mal planteado, y que la naturaleza no conoce móviles corpuscu­lares. El principio de indeterminación dice que nosotros no podemos seguir un elec­trón y esto equivale a decir que no podemos representárnoslo como un objeto. «Es ne­cesario, pues, renunciar a la individuali­dad del corpúsculo, a la individualidad del fotón, a la individualidad del electrón». Tomando demasiado al pie de la letra esta última frase y desprendiéndola del contex­to, podría parecer que Langevin creía en la posibilidad de superar el indeterminismo aceptando la existencia de los corpúsculos y renunciando sólo a su individualidad; pero entonces no sería difícil demostrar, y esto ha sido ampliamente demostrado, que, por el contrario, el indeterminismo resulta de ello necesariamente.

En realidad, Lan­gevin quería substituir el corpúsculo por otra cosa. En nuestra opinión, para resol­ver tantas dificultades de la física moderna es menester renunciar a la individualidad absoluta del corpúsculo. Los ensayos que debemos recordar ahora (aunque con ex­cesiva brevedad) han sido publicados en gran parte en la «Pensée», nueva serie (1944- 47): uno sobre la física moderna y el de­terminismo (bueno desde el punto de vista didáctico pero sin puntos de vista muy nuevos) fue publicado en la primera serie de la «Pensée» (N. 1, 1939): uno de ellos La Science ne droit pas étre une cause de guerre, en el semanario «Les Etoiles» del 2 de julio de 1946, el relativo a la libertad, en «Présence», 5 de agosto de 1945; otros en opúsculo. Estos escritos admiran por la juventud mental y moral que demuestran. Los desastres de la guerra hicieron más hu­mano, por decirlo así al humanísimo Lan­gevin. Estos escritos son actos de fe en la ciencia y en la nueva humanidad frater­nal en la que él creía firmemente. En el escrito Culture et humanité («La Pensée», 1944, N. 1) dice que no se puede hablar de cultura si ésta permanece, como ocurre a menudo, extraña a la vida. La cultura debe respetar la personalidad.

El individuo debe ser situado en la humanidad desde todos los puntos de vista. En la escuela de mañana cada cual debe adquirir la con­vicción de que ai doble deber de la perso­nalidad y de la solidaridad se oponen los dos pecados mortales del conformismo y del egoísmo. Al final de su trabajo sobre la era de las transmutaciones (Ib., 1945, N. 4) Langevin dice que en el porvenir cada cual deberá, en interés de todos, tener un grado de instrucción cada vez más elevado y una comprensión cada vez más completa de la estructura del mundo y de las leyes que dominan la naturaleza del hombre. Langevin demuestra poseer una singular ampli­tud de miras con respecto a Pasteur (Ib., 1940, N. 7).

La pasión dominante de Pas­teur fue la investigación de la verdad. En esta investigación Pasteur es completamente libre; es más, revolucionario. Es creyente, pero su fe no opone obstáculos a su cien­cia. Pasteur acepta sin crítica las solucio­nes tradicionales fuera del campo cientí­fico, pero no intenta conciliar ciencia y dogma. Renuncia a la discusión de ciertos problemas. El último escrito de Langevin, la conferencia La Pensée et l´Action (Pa­rís, 1947) es, como ya se ha dicho con jus­ticia, su testamento espiritual. Defendien­do la ciencia se cumple un deber para con la Sociedad y se contribuye no sólo a la liberación material, sino también a la libe­ración espiritual de los hombres.

S. Timpanaro