Ensayos Críticos de Arnold

[Essays in Criticism.]. Estos ensayos de Matthew Arnold (1822-1888), crítico y poeta, se pu­blicaron en dos series, la primera en 1865 y la segunda en 1888. En el primero, «Fun­ciones de la crítica en los tiempos presen­tes», afirma que la crítica debe ser «un esfuerzo desinteresado para enseñar y de­fender lo mejor que se conoce y se piensa en el mundo»; quiere combatir el filisteísmo, y quiere dar a conocer a sus connacio­nales, encerrados en su insularidad, la cul­tura europea. A propósito de una historia de la Academia Francesa, discurre en su segundo ensayo acerca del «Oficio de las Academias» en general. Cuanto menos ha sentido una literatura el influjo de un cen­tro de «correcta información, de correcto juicio, de gusto correcto», tanto más se ad­vierte en ella una nota de provincianismo. O le falta la genialidad o le falta el estilo. Es interesante su comparación entre la li­teratura francesa y la inglesa, que revela la propia índole de aquellas dos naciones.

Entendimiento abierto, versatilidad de inte­ligencia son características del espíritu francés, como lo fueron del espíritu ático; energía y honradez las del inglés. Así se explica, en su opinión, que Inglaterra sobresalga en la poesía y Francia en la prosa. El autor dedica bellas páginas a «Mauricio de Guérin» (1810-1839), de quien admira mucho y traduce en parte el Centauro (v.). Arnold lo compara con Keats, pero hallando en el escritor francés mayor pro­fundidad y dando aquí, como siempre, ma­yor importancia al contenido que a la forma. El gran poder de la poesía es el interpretativo: puede despertar en nos­otros un sentido nuevo, íntimo y maravi­lloso de las cosas y de nuestras relaciones con ellas. Sus preocupaciones éticas son causa de que Arnold, a pesar de admirar a «Enrique Heine» como poeta, hasta el punto de llamarlo notable continuador de Goethe, juzgue su obra en general como fracasada por falta de equilibrio moral, de nobleza de alma y de carácter.

Particular simpatía demuestra hacia «José Joubert» (1754-1824), de quien da a conocer notables pensamientos de metafísica, de moral, de literatura. Cristiano en el alma, pero de am­plias ideas, Arnold, en un ensayo acerca del «Sentimiento religioso, pagano y me­dieval», traduce y compara el idilio de Teócrito, en que se describen las fiestas de Adonis («Los siracusanos»), con el Cán­tico de las criaturas (v.) de San Francis­co. Ve y señala los defectos del paganismo, pero recuerda que hubo un siglo en la his­toria griega, el que precedió a la guerra del Peloponeso, en que la poesía, con Simónides, Píndaro, Esquilo, Sófocles, se elevó al reconocimiento de las leyes «cuyo padre es el cielo». También el misticismo panteístico de «Spinoza», el elevado y austero estoicis­mo de «Marco Aurelio», son juzgados por él con simpatía. Poeta él mismo, Arnold demuestra al tratar las cuestiones literarias, finura de gustos y seriedad de pensamiento. Imitando algo a Sainte-Beuve, expone con agilidad las propias ideas, con toques en apariencia ligeros, como disimulando su erudición.

Pero algunos de los ensayos ado­lecen de errores de perspectiva y valora­ción (por ejemplo el dedicado a Maurice de Guérin), otros son harto apasionados (como el referente a Shelley), mientras que también los ensayos que representan una definida contribución crítica (como el refe­rente a Wordsworth que contiene la famosa definición de la- poesía como una crítica de la vida) se apoyan en métodos y crite­rios (paralelo entre los méritos de varios escritores, etc.) ya superados hoy.

E. Di Carlo Seregni

Lo más vital que él inventó fue un nue­vo estilo: fundado sobre el paciente trabajo de desenredar las intrincadas ideas Victo­rianos, como si fueran cabellos enmaraña­dos bajo el peine. No le importaba que sus frases le salieran largas y trabajadas, con tal que le salieran claras. (Chesterton)