Ensayo sobre el Entendimiento Humano, John Locke

[Essay concerning human Understanding]. Uno de los mayores filósofos ingleses y teóricos del empirismo. El Ensayo fue editado en 1690; pero el mismo autor cuidó cuatro nuevas ediciones, así como la tra­ducción francesa de Coste, que favoreció extraordinariamente su difusión fuera de Inglaterra. La división del Ensayo en cua­tro libros no corresponde al orden crono­lógico de la redacción, como se ha probado con el reciente hallazgo de borradores. Locke en una carta de introducción narra la ocasión (el episodio ocurrió entre 1670 y 1671) que dio lugar a su investigación crítica, o sea a la consideración prejudicial de la extensión y de los límites de la inte­ligencia, para dirigirla con mayor seguri­dad al conocimiento de objetos determina­dos. Contra los cartesianos y, especialmente, los neoplatónicos de la escuela de Cam­bridge, demuestra, en el primer libro, que no existen verdades innatas, ni teóricas ni prácticas; no encontramos huellas de las mismas ni entre los salvajes ni entre niños o ignorantes, sino que todas derivan direc­tamente de la experiencia, incluso la idea de Dios y el principio de identidad y de contradicción.

En el curso de la polémica señala una intuición más profunda: no son innatas las ideas actuales, sino las funcio­nes formales del espíritu; pero el presen­timiento queda sin consecuencias en su sistema. En su origen la mente está vacía, es una tabla rasa, pero lentamente la experiencia externa (sensación) y la experien­cia interna (reflexión) introducen, respecti­vamente» ideas de objetos sensibles e ideas de operaciones del alma. Locke llama idea a todo objeto de conocimiento, ya sea de orden sensible o espiritual, y, de las ideas, unas son simples y otras, complejas; el nú­mero de las primeras es limitado: por lo que respecta al mundo externo, nos son dadas por los sentidos, y, en lo referente al espíritu, coinciden con sus mismas acti­vidades elementales de recordar, querer, etcétera; el número de las segundas es in­definido. El conocimiento consiste precisa­mente en formar, con los elementos simples, representaciones siempre nuevas y comple­jas, en conexión con la realidad de las co­sas y de los sentimientos.

Locke, que tam­bién había declarado no querer superar los datos de la experiencia psíquica, introduce luego la famosa distinción entre cualidades primarias (inherentes a los objetos en sí) y cualidades secundarias (dependientes de la conformación particular de nuestros ór­ganos sensibles), pasando del orden gnoseológico y crítico al metafísico. Las ideas complejas se dividen en ideas de «sustan­cias», de «modos» y de «relaciones»; las primeras se refieren a los objetos en cuan­to existen; las segundas no se refieren a la existencia, sino al modo de considerar un objeto, como las ideas de tiempo, de espa­cio, de número; las últimas se refieren a las relaciones que se producen entre varios objetos, como las ideas de causa y efecto, de identidad, etc. Incluso a propósito de las ideas complejas de sustancia material y de sustancia espiritual, Locke va más allá de los poderes atribuidos por él a la inteligencia y admite, para unas y otras, sustratos, que, sin embargo, escapan al co­nocimiento. La legitimidad del uso de la inteligencia está limitada al ámbito de la experiencia sensible, que consiste en la se­rie de actos (juicios) con que afirmamos el acuerdo o repugnancia entre nuestras ideas.

El conocimiento tiene diversos grados de claridad, distinción y evidencia: es intuitivo cuando la percepción del acuerdo o repug­nancia es inmediata; demostrativo cuando se precisan ideas intermedias. La intuición sobre la cual se basa todo conocimiento ulterior es la que da, en el pensamiento, la realidad del yo, idéntico en los diversos momentos de su existencia. Del ser del yo y de la consideración de su naturaleza y caracteres se eleva por demostración a la idea de un Dios (prueba cosmológica, ba­sada en el principio causal). En ambas pro­posiciones existenciales Locke repite las argumentaciones de Descartes, evitando el círculo vicioso. El esquema y el plan de la obra son sencillos, pero el pensamiento del autor circula fatigosamente, desenvolviéndose entre graves dificultades, por el hecho de que la actitud crítica del riguroso exa­men de la inteligencia no se basa en un principio especulativo, del que se puedan deducir las formas del conocimiento. Pero aparte de sus límites, la importancia de la investigación es enorme en cuanto remitió la filosofía a la exigencia de la concre­ción, que es la condición de su validez y la razón de su existencia. Muy divulgada la traducción francesa de Pierre Coste (Amsterdam, 1700; mejorada en la edición de 1820). E. Codignola

Je méprise Locke. (Schelling)

El pensador en quien las ideas de la época de la Ilustración encontraron, en to­dos sentidos y por primera vez, una expre­sión clara y transparente, y a quien, en consecuencia, aunque no siempre sin ten­dencias polémicas, se refiere todo el desa­rrollo de dichas ideas — en dicho sentido el espíritu dominante de toda la Ilustra­ción. (Windelband)