Ensayo de una Nueva Teoría de la Representación, Karl Leonhard Reinhold

[Versuch einer nenen Theorie des menschlichen Vorste- llungsvermógen]. Obra publi­cada en Jena el 1789. Al tratar de exponer sistemáticamente la filosofía de Kant, el autor se dio cuenta de que ésta reposa sobre bases, o mejor, premisas, de valor crítico bastante discutible: buscó entonces otras, estableciendo así, como preliminar a la crítica, una «filosofía elemental» basada en un principio absolutamente primordial e incontrovertible: el principio de la con­ciencia, que define la «representación» y que Reinhold considera como campo pro­pio y punto de partida de la crítica: «En el conocimiento, la representación se dife­rencia de lo representado y del represen­tante, y se refiere a ambos».

Consciencia y representación van indisolublemente uni­das, y un análisis de la segunda representa implícitamente un análisis de la primera. Ahora bien, en la representación, como en todo acto del conocimiento, sujeto y objeto se distinguen, y la conciencia refiere sus representaciones a los dos. Por ello, en la conciencia debe existir un elemento de la representación que se refiere al sujeto — éste es la «forma» de la representa­ción— y otro que se refiere al objeto —la «materia» representada—. La «materia» no es el objeto, aunque a él se refiera o lo represente: la «materia» de la representa­ción puede cambiar, y seguir refiriéndose siempre al mismo objeto: la materia de la representación se halla en nosotros; el ob­jeto, fuera de nosotros. De igual modo, la «forma» de la representación no es la forma del objeto; por consiguiente nuestra re­presentación no es una «imagen» del obje­to. Y como la forma corresponde al sujeto, ningún objeto puede ser representado en la forma que él tiene independientemente del sujeto.

La «cosa en sí» es, por tanto, irrepresentable y, por ende, incognoscible. Toda representación es un producto de ma­teria y forma: la materia es «dada», y en ella la consciencia es «receptiva»; aunque, por otra parte es múltiple. La forma es creada; en ella el sujeto es espontáneo y procede unificando lo múltiple de la ma­teria en la unidad de la concienció. Estas son las grandes líneas de la «filosofía ele­mental» que el autor trata de perfilar en el Ensayo; obra de gran importancia his­tórica, porque dio origen, según reconoce el propio Fichte, a la interpretación conciencialista del pensamiento de Kant que ha llegado hasta nosotros. Interpretación, sin embargo que rompió la fidelidad al sen­tido de la Crítica de la razón pura (v.) kantiana y ha dado origen a las principales reacciones contra Kant y a los mayores olvidos de la profundidad y fecundidad especulativa del criticismo.

G. Preti