[Versuch einer nenen Theorie des menschlichen Vorste- llungsvermógen]. Obra publicada en Jena el 1789. Al tratar de exponer sistemáticamente la filosofía de Kant, el autor se dio cuenta de que ésta reposa sobre bases, o mejor, premisas, de valor crítico bastante discutible: buscó entonces otras, estableciendo así, como preliminar a la crítica, una «filosofía elemental» basada en un principio absolutamente primordial e incontrovertible: el principio de la conciencia, que define la «representación» y que Reinhold considera como campo propio y punto de partida de la crítica: «En el conocimiento, la representación se diferencia de lo representado y del representante, y se refiere a ambos».
Consciencia y representación van indisolublemente unidas, y un análisis de la segunda representa implícitamente un análisis de la primera. Ahora bien, en la representación, como en todo acto del conocimiento, sujeto y objeto se distinguen, y la conciencia refiere sus representaciones a los dos. Por ello, en la conciencia debe existir un elemento de la representación que se refiere al sujeto — éste es la «forma» de la representación— y otro que se refiere al objeto —la «materia» representada—. La «materia» no es el objeto, aunque a él se refiera o lo represente: la «materia» de la representación puede cambiar, y seguir refiriéndose siempre al mismo objeto: la materia de la representación se halla en nosotros; el objeto, fuera de nosotros. De igual modo, la «forma» de la representación no es la forma del objeto; por consiguiente nuestra representación no es una «imagen» del objeto. Y como la forma corresponde al sujeto, ningún objeto puede ser representado en la forma que él tiene independientemente del sujeto.
La «cosa en sí» es, por tanto, irrepresentable y, por ende, incognoscible. Toda representación es un producto de materia y forma: la materia es «dada», y en ella la consciencia es «receptiva»; aunque, por otra parte es múltiple. La forma es creada; en ella el sujeto es espontáneo y procede unificando lo múltiple de la materia en la unidad de la concienció. Estas son las grandes líneas de la «filosofía elemental» que el autor trata de perfilar en el Ensayo; obra de gran importancia histórica, porque dio origen, según reconoce el propio Fichte, a la interpretación conciencialista del pensamiento de Kant que ha llegado hasta nosotros. Interpretación, sin embargo que rompió la fidelidad al sentido de la Crítica de la razón pura (v.) kantiana y ha dado origen a las principales reacciones contra Kant y a los mayores olvidos de la profundidad y fecundidad especulativa del criticismo.
G. Preti

