[Saggio delle opere di Leonardo da Vinci]. Colección de manuscritos de Leonardo da Vinci (1452-1519), en veinticuatro láminas fotolitográficas de diseños y escritos (Milán, 1872): págs. VII-32 en folio mayor, aparte de las láminas. El volumen contiene unas Notas biográficas de G. Mongeri, el ensayo Leonardo literato y científico de G. Govi, un estudio sobre Leonardo como pintor y escultor, de G. Boito, y explicaciones de las láminas por G. Co- lombo. La edición, debida a Tito Ricordi, es pulcra. El volumen constituyó la primera revelación de los manuscritos vincianos y proporcionó un gran impulso a los estudios y ediciones sobre Leonardo.
Sin exageración se puede afirmar que con esta obra comienza la «vinciología» moderna. En contra de lo que se lee en la portada, las láminas fueron entresacadas principalmente, aunque no de modo exclusivo, del Códice Atlántico (v.) y se refieren en particular a Leonardo en cuanto inventor o creador de aparatos y máquinas. El origen del Ensayo ha sido expuesto por Antonio Favaro en el fascículo X (mayo 1919) de la «Raccolta Vinciana». Resumidamente diremos que en 1872 se debía inaugurar un monumento a Leonardo; el Ministro de Educación italiano de aquel entonces, Cesare Correnti, se dirigió con tal motivo, durante el verano de 1870, a Gilberto Govi y a Gustavo Uzielli, invitándoles a señalar con qué publicaciones podría celebrarse el acontecimiento; Uzielli respondió que el mejor medio era iniciar la publicación integral de los manuscritos vincianos; Govi propuso la publicación de un ensayo sobre las obras de Leonardo, que sería una buena prueba de la capacidad técnica italiana. Prevaleció la opinión de Govi, que daba mayores garantías; entonces se constituyó, el 5 de noviembre de 1871, una Comisión que debía realizar el doble cometido de recoger noticias sobre los manuscritos inéditos de Leonardo y publicar un ensayo de los manuscritos mismos.
El Ensayo de las obras de Leonardo da Vinci, que se debe casi exclusivamente a la iniciativa de Gilberto Govi, representó una bella afirmación (debe reconocerse lealmente), si bien es cierto que la Comisión hubiera realizado por completo su cometido si hubiese mantenido la promesa de reemprender el trabajo y conducirlo hasta el fin con medios adecuados. No obstante, tal como apareció, justo es insistir en que el Ensayo es una obra importante; tan sólo debe lamentarse que la tirada de 300 ejemplares limitó considerablemente su difusión. Indudablemente se consideró soberbia la realización técnica (sin discusión superior a la que en 1881 logró efectuar C. Ravaisson-Mollien); se comprende, pues, que Govi se lamentase tanto de que los extranjeros se adelantaran a los italianos en la publicación de los manuscritos vincianos. Es verdad, por otra parte, que sin las transcripciones hechas por Govi en París, sin la campaña de Uzielli en favor de la íntegra publicación de todos los manuscritos de Leonardo, y sin el Ensayo, los manuscritos vincianos hubieran continuado por mucho tiempo inéditos.
Govi dio, con su estudio sobre Leonardo como literato y científico, utilizado ampliamente por italianos y extranjeros, una prueba convincente de su preparación en tales estudios. Reveló aspectos de Leonardo que eran todavía desconocidos. La obra se lee hoy con provecho, a pesar de sus inevitables lagunas y de algunas imperfecciones.
S. Timpanaeo

