Discurso pronunciado por el polígrafo y estadista español en la Academia de San Fernando el día 14 de julio de 1781. «El destino de las bellas artes en España — dice Jovellanos —, desde su origen hasta el presente, será mi único asunto». El estudio empieza en los tiempos de Grecia y Roma y termina en los de Carlos III, alcanzando su mayor plenitud en el Renacimiento. La exposición no se limita a una simple sistematización histórica, sino que contiene valoraciones y análisis. El concepto neoclásico de «buen gusto» es su guía ordenador. Con todo, son de notar sus atisbos de comprensión del arte gótico, especialmente de su arquitectura.
«Al entrar en estos templos — dice románticamente —, el hombre se siente penetrado de una profunda y silenciosa reverencia, que apoderándose de su espíritu, le dispone suavemente a la contemplación de las verdades eternas». Pero su arte, como el de Lope de Vega y el barroco, le parecerá bárbaro. Para nuestro escritor, el arte — el único arte — es el clásico. «La verdad — dice — es el principio de toda perfección, y la belleza, el gusto, la gracia no pueden existir fuera de ella». De ahí que encuentre «seco y desagradable» el arte del Greco, «lleno de extravagancias», mientras que El Escorial, «la eterna maravilla», o Velázquez, que «descollaba sobre sus contemporáneos, y hecho el Atlante de la pintura, sostenía sobre sus hombros toda la gloria del arte», sean sus máximas predilecciones.
En cuanto a su crítica, es en general estrictamente impresionista, si bien el simple juicio inquisitivo salta a menudo con exacta precisión: «Zurbarán… insigne por la fuerza de claroscuro, por la verdad de sus ropajes y por la facilidad de su dibujo». La obra no se aparta —por lo general — de los cánones de la escuela clásica de un Mengs o un Milizia, pero en ella se advierte ya la curiosidad arqueológica que le lleva hacia los antiguos monumentos de la Edad Media, que habrá de culminar en los trabajos escritos durante su reclusión en Mallorca y que harán de él uno de los más claros precursores del romanticismo español.
J. Molas

