El Único y su Propiedad, Johann Caspar Schmidt

[Der Ein­zige und sein Eigentum]. Obra fundamental de Johann Caspar Schmidt (1806-1856), pu­blicada en 1844, en Berlín, con el pseudó­nimo de Max Stirner.

Su fundamento espe­culativo debe buscarse en aquella corriente de la «crítica pura», que, arrancando del ala izquierda hegeliana, trataba de resolver la dialéctica racional en una crítica intelectualista de los conceptos metafísicos y, en general, de las posiciones y fórmulas idea­les, desembocando en un violento radica­lismo político. Mientras los más extremistas y superficiales adoptan el método de la crí­tica pura como meramente negativo de todo plano ideológico, Ruge veía su sentido en un historicismo radical, en el que se trata de resolver el carácter abstracto de toda ideología, libre del esquema idealista.

Para Stirner, el error de la crítica pura se halla en su abstracta negatividad satisfecha de sí, en el momento negativo del puro pen­samiento, pero su resolución, el momento positivo de la realidad que de tal negativi­dad debe resultar, no es la historia — cons­truida a su vez sobre sistemas y posiciones ideológicas —, sino el individuo, con su rea­lidad original absoluta, principio de todo valor como de todo pensamiento y de toda acción: « ¿Cuál es la causa que debo defen­der? En general se dice siempre que es la buena causa; de Dios, de la Verdad, de la Libertad, de la Humanidad, de la Justicia; será después la de mi Príncipe, mi Pueblo, mi Patria y, por fin, la del Espíritu, y mil otras todavía. Pero que la causa que yo defienda sea la mía, ¡eso no! ¡Vergüenza para el egoísta que no piensa más que en sí!». Sin embargo, las causas de Dios, de la Humanidad, del Pueblo, etc., no son sino causas de ideales egoístas, frente a los cuales se niega todo otro interés.

«Por mi parte… en lugar de seguir sirviendo a estos grandes egoístas, quiero ser, yo mismo, el Egoísta… Esconderé mi causa en mí mismo; como Dios, soy la negación de todo lo demás; yo soy todo para mí; soy el único».

Este prin­cipio de individualismo absoluto es desarro­llado en las dos partes del libro, primera­mente como criterio interpretativo de la his­toria; en segundo lugar como principio radi­cal crítico y reconstructivo de la nueva hu­manidad. Si la Antigüedad quiso idealizar lo real, terminando realmente por negarlo y despreciarlo en la extrema sabiduría, el mundo moderno quiere alcanzar el ideal y terminará por negar en realidad el ideal mismo. Tal proceso se inicia — y aquí se pone de manifiesto la visión histórica hegeliana — con el principio cristiano del Dios hecho hombre. El inmanentismo de la cultura y de la filosofía modernas no es sino un desarrollo que logra su cima con el idealismo: toda forma ideal no es más que un acto del espíritu o de la razón, y el acto de la razón es la realidad misma. Pero cabe profundizar todavía más: como la rea­lidad es la potencia misma en que el idealismo — y con él la universalidad y la unidad — es absorbido y negado, se llega al absoluto individual, lo irracional en su ser discreto, el yo en su demonismo singu­lar.

Si Dios es el hombre, como dice el Cristianismo, el hombre es el dios indivi­dual. «Cualquier ser superior a mí, sea Dios u Hombre, debe inclinarse ante la con­ciencia de mi unicidad y palidecer ante sus destellos. Si yo repongo mi causa en mí mismo — el Único —, la causa descansa en su creador efímero y perecedero, que se consume por sí mismo. Por consiguiente, podré decir: He repuesto mi causa en la nada». Partiendo de este punto de vista, Max Stirner analiza los fenómenos de la cultura y de las estructuras éticas, para reconocer en su fondo el acto creador del egoísmo y, en consecuencia, critica tanto el orden social tradicional fundado sobre privilegios ideológicamente consagrados, cuanto las doctrinas renovadoras que reclaman un abstracto principio de igualdad colectiva que desemboca en la idea del Estado so­berano. La verdadera reforma estriba en el reconocimiento de la soberanía individual. Lo que pueda originarse con ello no lo podemos saber:

« ¿Qué hará un esclavo cuando haya roto sus cadenas? Espera, y lo sabrás».

Max Stirner ha sido calificado frecuente­mente como el más radical de los indivi­dualistas anárquicos y de los inmoralistas. En realidad, en aquella «expectativa» se encierra la exigencia de una ética nueva. Por otra parte, El único representa el ex­tremo de una dialéctica especulativa en la que se trata de resolver el compromiso del idealismo hegeliano, que todavía hoy sigue en pie, hasta el punto de que no sería in­oportuno señalar El único de Stirner como uno de los primeros indicios de motivos existencialistas: que lo «único» es precisa­mente lo existente en cuanto tal, y por ello, en el mismo momento, la nada absoluta de donde todo deriva y a la que todo retorna.

A. Banfi

El libro es desagradable: se repite, está lleno y está vacío. Es el libro de un ru­miante.  (A. Gide)