El Tesoro del Rey Rampsinito, Herodoto

Las vicisitudes del tesoro de este riquísimo rey egipcio las podemos leer en las Historias, II, 121 (v.), de Herodoto (siglo V a. de C.).

Para conservar las incalculables rique­zas de que era poseedor — resumimos del historiador griego — Rampsinito dispone que se construya una sólida habitación de pie­dra. El arquitecto real, en trance de muerte, revela a su dos hijos cómo pueden conse­guir fácil acceso al interior de la cámara, una vez hayan movido una losa de piedra de un punto determinado de la pared. Uno de los jóvenes, tratando, de noche, de lle­varse el oro, queda cogido en una trampa: no consigue liberarse y ordena a su her­mano que le corte la cabeza con el fin de hacer imposible la identificación. El cuerpo decapitado, expuesto en la plaza pública por orden de Rampsinito, es robado por el her­mano superviviente después de embriagar a la guardia. Con la cooperación de su hija, el rey trata de apoderarse del joven: pero éste se libra de la captura tendiendo y aban­donando en la oscuridad, en manos de la princesa, el brazo separado del cadáver de su hermano.

El rey admira la habilidad del joven, le invita a la corte con la promesa de impunidad y lo recibe como yerno en su familia. Estas aventuras que Herodoto refi­rió como ocurridas a un rey egipcio, están hoy reconocidas como derivadas de un texto de franco origen popular, divulgado en el Egipto del siglo V a. de C. El historiador griego sufrió plenamente el influjo de la tierra de Egipto y de su civilización mile­naria, hasta el punto de inclinarse a acep­tar el aspecto grandioso y, alguna vez, le­gendario de sus personajes y de su historia, sin separar siempre el contenido histórico del fabuloso y mítico, en muchas de las narraciones que le procuraron los «cicero­nes» de la época. Como en otros textos simi­lares, en la figura de Rampsinito se resumió un personaje histórico (Rames-sése III, di­nastía XX, 1209-1178 a. de C.), elaborado libremente por el desconocido autor egipcio que se complugo presentándolo como pro­tagonista de acciones y hechos extraordina­rios, que nunca realizó (v. la figura del rey Cheops y otros príncipes reales en el Papiro Westcar; la del rey Petubaste en los dos textos demóticos Lucha por la coraza del príncipe Inaros y Lucha por los bienes de Amon; la del príncipe Ramessid Haemwois en las Aventuras de Setón Haemwois).

Prueban el origen de la narración en suelo egipcio los detalles de vida local que Herodoto recordó en el lugar citado de sus Historias, como la clausura y obstrucción de los pasos mediante piedras movibles; la colocación de sellos en las puertas; el transporte de vino en odres a lomos de asnos. La exposición de cadáveres en la plaza pública está atestiguada de buena fuente. Incluso la forma de cooperación pedida por Rampsinito a su hija, puesta en duda por Herodoto, puede recordar, en algunos aspectos, la emprendida por la prin­cesa Ahwere en favor de su marido Noferko-Ptah en las Aventuras de Setón Haemwois.

E. Scamuzzi