El Señor Bastiat-Schulze de Delitzsch, Julián Económico o sea Capital y Trabajo, Ferdinand Lassalle

[Herr Bastiat-Schulze von Delitzsch, der ókonomische Julián, oder Kapital und Arbeit]. Obra polémica de Ferdinand Lassalle (1825-1864), el más elocuen­te de los jefes del socialismo alemán, pu­blicada en Berlín en 1864. El autor declara que la obra le fue inspirada por el Capítulo de un catecismo alemán para trabajadores [Kapitel zu einem deutschen Arbeiierkate- chismus] del investigador y filántropo pru­siano Schulze von Delitzsch (1808-1883). Pero el señor Schulze, contra el cual arre­mete violentamente Lassalle, «no es un in­dividuo; es un tipo; es la expresión de nues­tra burguesía». El prefijo Bastiat quiere significar la fidelidad servil de Schulze a la teoría del valor que Bastiat formuló en Armonías económicas (v.). El subtítulo Ju­lián económico quiere enlazar esta obra, dirigida contra la economía y filantropía burguesas, con la otra obra del mismo Lassalle, Julián Schmidt historiador literario [Julián Schmidt, der Literarhistoriker].

Bas­tiat-Schulze está escrito en un estilo viva­císimo, con un tono violentamente polémi­co. Esto le presta interés pero le resta pon­deración crítica y profundidad científica. Partiendo del principio de que el trabajo es fuente y causa de todo valor, Lassalle hace la acostumbrada observación, fundamental en la literatura socialista, de que el tra­bajador no recibe todo el valor de su tra­bajo, sino que considera éste como pura mercancía y aprisionado por el mecanismo brutal de la oferta y la demanda, alcanza en el mercado un precio que coincide con los gastos de producción del trabajador, es decir, con el sostenimiento habitual de él y de su familia. Éste es el precio que el trabajador se ve obligado a aceptar, so pena de morirse de hambre. «Todo el excedente del producto del trabajo sobre el mante­nimiento usual del pueblo, vuelve al capi­tal bajo sus diferentes formas: es el bene­ficio del capital». El beneficio, y el capital, que de ganancias se alimenta y se consti­tuye, son verdaderamente fruto del ahorro, como decía Schulze, pero del ahorro (en otras palabras, como decía Lassalle, del hur­to) del producto del trabajo ajeno. Traducción italiana en la «Biblioteca dell’economista», serie III, vol. 9, parte 3.a (Tu­rín, 1882).

P. E. Traviani