El Libro de las Leyes de los Países, Bardesano de Edesa

[Kthābhā dnāmose ‘dathrāwāthā]. Tí­tulo de la obra principal desde el punto de vista filosófico (si bien los autores sirios exaltaron especialmente los himnos y los cantos) del escritor siríaco Bardesano de Edesa, donde nació en 154 d. de C. Parece ser que el libro tuvo también como título Libro del destino. La obra se conocía en su texto siríaco, que es el original, y en dos fragmentos de la versión griega adap­tados por Eusebio en su Preparatio evan­gélica. Está escrito en forma de diálogo y tiene por interlocutores a Bardesano y a sus discípulos, aunque casi siempre es aquél el que habla.

El libro fue redactado, en realidad, por Filipo, discípulo del hereje de Edesa. A él se debe la introducción, y también habla en el diálogo en primera persona. El fin del Libro es demostrar que el hombre es libre por principio y por lo tanto, responsable de sus actos, a excep­ción de los que son estrictamente natura­les. es decir indisolublemente ligados a su naturaleza. Bardesano somete a examen el  mundo celestial y el mundo terreno, y estudia el modo de obrar de Dios y de los seres que componen el universo. En todos éstos y, por lo tanto, también en el hombre, es preciso distinguir lo que corresponde a su naturaleza y cae, consiguientemente, en la necesidad, y lo que, por el contrario, no se deriva necesariamente de ella. En esta segunda esfera de la acción los seres son libres. Bardesano rechaza, pues, el fata­lismo caldeo, así como rechaza la doctrina de aquellos filósofos que consideran al hom­bre completamente libre.

Tres son los fac­tores que influyen sobre el hombre: la na­turaleza, el destino y la voluntad. Por des­tino debe entenderse el poder que poseen los astros, capaz de modificar las condicio­nes en que el hombre vive, poder que se ejerce desde el momento de su nacimiento, cuando sobreviene el advenimiento del alma en el individuo. Bardesano profesaba ideas estoicas en algunas de sus doctrinas, ya que mantenía que el color y la cualidad sensible corresponden a los cuerpos. Era tenido como hereje entre los sirios, pero de su diálogo no se desprende en qué consis­tía realmente su herejía. Se conocen las ediciones de Nau, Bardesane l’astrologue — Le livre des lois des pays (París, 1899), y de Parisot, Patrología Syriaca. I. 2, 492- 535, y la trad. italiana de Levi Della Vida, I dialogo delle leggi dei paesi (Roma. 1921).

G. Furlani