[Della dissimulatione honesta]. Pequeño tratado sobre el arte de la prudencia, del napolitano publicado en 1641, relegado al olvido hasta nuestros tiempos y reimpreso por Benedetto Croce, en 1928, cuidando su edición en unión de Santino Caramella, en una colección de «Políticos y moralistas del siglo XVII» aparecida en 1930 y, últimamente, por Goffredo Bellonci (Florencia, 1943), habiendo sido plenamente revalorizado en la historia de la preceptiva. El autor, hombre puesto a prueba en las luchas con sus semejantes y en posesión de una delicada conciencia moral, aconseja llevar una vida cauta para no perder en la tierra el medio de conocer verdaderamente las cosas y alcanzar una íntima satisfacción. El «vivir cauto se acomoda perfectamente con la pureza de espíritu».
El hombre precisa del disimulo para dominar sus sentimientos, que a veces surgen desordenados y perjudiciales; la primera victoria sobre sí mismo es, en realidad, la más difícil, y estimula a vencer igualmente siempre, callando lo que no debe decirse y no cediendo ante la pasión. La fortuna trata de dominar sobre las cosas humanas; en cambio, es necesario considerarla como un mero accidente. El prudente halla en sí mismo su ley, pues conoce íntimamente las necesidades de una vida moral y la belleza del aislamiento y de la meditación. Refugiándose en la soledad de su corazón, no cede ante las pasiones, soporta incluso el injusto poder de los demás, y cuando recibe ofensa no manifiesta hallarse afectado.
Los intereses dominan el mundo y las relaciones sociales arrastran al hombre a una continua lucha. Con el disimulo, el prudente puede evitar un juego peligroso, como es el de los constantes contrastes, y vivir en una realidad espiritual libre y prudente; pero debe conocerse verdaderamente a sí mismo, no alterar nunca la verdad, a la vez que tratará de profundizar los motivos de sus actos y de sus pensamientos. De este modo, replegándose en sí mismo, el disimulo es un buen sentido honrado y no desfavorable, puesto que proporciona paz al espíritu, impide o, por lo menos, limita las malas acciones a que el mundo arrastra y, usado con mesura, concede aquel respiro sin el cual no existe la vida.
El libro de Accetto es además importante porque en la misma preceptiva prudencial, típica del siglo XVII, incluye un amplio conocimiento de las pasiones y de los afectos, hasta el punto de ofrecer el ejemplo de un verdadero ensayo de psicología moral. Es, por lo tanto, un documento de la necesidad que fue sentida por los mejores pensadores de la época: el abandono de la vacía preceptiva política, cortesana, o moralizante, para escuchar sinceramente una voz inspirada por la vida.
C. Cordié

