Disputa del asno, Fray Anselm Turmeda

[Disputa de i’Ase]. Obra del renegado mallorquín (hacia 1352-hacia 1423) terminada, según el explicit, el 15 de septiembre de 1418. Fue escrita originariamente en cata­lán, pero esta versión original se ha per­dido. Se tiene noticia de una edición de Barcelona de 1509, de la que hubo ejem­plar en la biblioteca de Fernando Colón, en Sevilla, y de la que hoy no se conserva ningún ejemplar, siendo probable que éstos fueran recogidos y destruidos por la In­quisición, debido al carácter antirreligioso de la obra. De la traducción francesa, hay una edición de Lyon, de 1544, reproducida por Foulché Delbosc en «Revue Hispanique», XXIV, 1911.

En francés fue reedita­da tres veces más. Modernamente ha sido traducida al catalán, parcialmente por el bibliófilo Luis Deztany, en 1922, y en su totalidad por E. N. C. [Margal Olivar] («Els Nostres Clássics», ser. A, XVIII, 1928). La Disputa del Asno no es obra original, según demostró Asín Palacios en «Rev. de Fil. Esp.», I, sino que importantes frag­mentos suyos son un plagio descarado de la Enciclopedia de los Hermanos de la Pu­reza, secta que floreció en Bassorah en el siglo X. Algunos elementos fundamentales de la sencilla fábula que sirve de cuadro a la Disputa, e importantes trozos de ésta proceden de aquella fuente.

En la Disputa hay breves fragmentos en verso, pero casi en su totalidad está escrita en prosa. El autor, en un sueño, es transportado a una sociedad de animales, reunidos para elegir rey. La presencia de Turmeda fue descu­bierta por un conejo. Presentado al rey recién elegido, éste le increpa porque a menudo sostiene que los hijos de Adán son superiores a los animales. Turmeda, habiéndose ratificado en esta opinión, es in­vitado a sostener un debate sobre la dig­nidad del hombre con el «Asno roñoso de la cola pelada», desgraciado animal «sarno­so, mocoso, roñoso y sin cola, que no habría valido diez dineros en la feria de Tarragona», por lo que el autor se dio cuenta de que los animales se burlaban de él.

A pesar de todo, aceptó el debate, en el que también participaron la mosca, el mosquito y el piojo. Los argumentos que esgrime Turmeda en favor de la especie humana son la belleza corporal, los senti­dos corporales, la ley de Dios, la ley mo­ral, la espiritualidad y la inmortalidad del alma, las ciencias, etc. El Asno rebate una a una las razones del apóstata mallorquín, y finalmente se rinde ante el argumento de la encarnación del Hijo de Dios, no sin declarar que en esto había pensado ya desde el principio de la discusión, así como en otros muchos argumentos que Turme­da no expuso. «Tanto tiempo hace — le dice el Asno — que nada habéis visto ni leído de la Sagrada Escritura,» A pesar de sus importantes plagios, la Disputa del Asno tiene originalidad. La tiene por su intención.

Turmeda, apóstata y viviendo en país islámico, no rompió los vínculos que le unían con sus paisanos y antiguos hermanos de fe, y cuando se dirigía a ellos, lo hacía hablándoles el mismo lenguaje de antes de la apostasía. La Disputa del Asno es obra destinada por Turmeda a sus com­patriotas cristianos, y bajo la alegoría que éste se apropió tranquilamente de fuente musulmana, desencadena una sátira feroz contra las órdenes religiosas. Ésta natural­mente no procede de su fuente, al igual que los punzantes cuentos referidos por el Asno, con referencias a personas reales, para de­mostrar con ejemplos cómo los religiosos incurren en los siete pecados capitales. Estos cuentos, boccaccescos por su licencia y fe­rozmente satíricos, revelan a un narrador muy hábil. Turmeda también se sirvió de la Disputa del Asno para hacer pronósticos políticos y hacerlos llegar a sus conciuda­danos. A

l presentar al Asno el argumento de las ciencias humanas, y en especial el de la Astrología, aquél se burla de tales pretensiones y recuerda que él, animal, también ha hecho una profecía, continuan­do otra de Fray Anselmo, en la que habla de lo que ha de ocurrir después del Cisma, y de cosas del Imperio, de Turquía y de Lombardía. Esta profecía es el único frag­mento conservado del antiguo original ca­talán de la Disputa. Junto con una decla­ración de ella, se halla en el ms. 336 de la Biblioteca de Carpentras, con el título de Profecía de l’Ase, y fue publicada por Jor­ge Rubio en «Est. Univ. Cat.», VII, 1913.

P. Bohigas