Discursos de Antifón

Entre las obras de prosa ática que han llegado hasta nos­otros hay 15 discursos de Antifón, el pri­mer orador nombrado en el canon alejan­drino; hijo de Sofilo, nacido en el «demos» ático de Ramnunto, hacia el año 480, y muerto en el 411 a. de C.; Antifón fue el primero que escribió y transmitió como mo­delos los discursos que había pronunciado, demostrando que él mismo y sus tiempos estaban ya maduros — mérito éste de la enseñanza sofista de Protágoras y Gorgias— para considerar la elocuencia como un arte que es fin en sí misma, independien­temente de sus fines y éxitos prácticos.

Cecilio de Calata, el erudito antiguo que mejor trató de Antifón, conocía 60 discur­sos atribuidos a él, y tenía por apócrifos 25 de ellos; de los 15 que han llegado has­ta nosotros, 3 fueron realmente pronuncia­dos; los demás, recogidos en tres tetralogías, comprendiendo cada una de ellas un dis­curso de acusación, uno de defensa y las dos réplicas del acusador y del acusado, son ejercicios y modelos escolares sobre pro­cesos imaginarios. Su autenticidad ha sido puesta en duda por algunos eruditos mo­dernos. Las tetralogías tratan de proce­sos por homicidios, como todos los dis­cursos de Antifón que han llegado hasta nosotros, y evidentemente constituyen una de las partes — ciertamente la más famo­sa— en las que los alejandrinos subdividieron la obra de nuestro autor.

En la prime­ra se busca el autor desconocido de un de­lito; la segunda trata de un homicidio co­metido por imprudencia; la tercera de la legítima defensa. En ellas Antifón, sin alargarse en los exordios y en las peroraciones, acerca de los cuales había tratado en una obra particular, ni en la narración de los hechos, que es completada en los casos par­ticulares, hace una argumentación siempre sutil y precisa, necesariamente genérica pero penetrante y bien conducida; su estilo es muy sobrio, de ritmo conciso y notable intensidad expresiva. Las cualidades de An­tifón adquieren, un mayor relieve, natural­mente, en los discursos que se refieren a procesos reales y que nos han llegado en número de tres: «sobre el asesinato de Herodes», muerto mientras viajaba con un ciudadano de Mitilene, que hubo de defenderse de la acusación de homicidio; es el más amplio y elaborado de los discursos de Antifón; «acusación de envenenamiento contra una madrastra», la menos lograda, y «Por el Corenta».

La estructura de estos discursos es muy sencilla y siempre igual, cosa muy comprensible dada la época en que fueron compuestos; caracterizados por una dignidad y una especie de solemnidad arcaica muy peculiar, tanto en el pensa­miento como en la forma, revelan a menu­do el estudio y el esfuerzo del autor, cuya habilidad se muestra, mucho más que en la narración, en la argumentación a menudo genérica y basada en lugares comunes, pero siempre rica y aguda.

C. Schick