Del Verso Trágico, Pier Jacopo Martello

[Del verso trá­gico]. Tratado de Pier Jacopo Martello (1665-1727), publicado en Roma en 1709. El autor señala como causa de la inferioridad de la tragedia italiana con respecto a la francesa los metros impropios usados por los italianos. Por ello hace historia de sus tenta­tivas en este terreno, acompañando sus ob­servaciones con el comentario de pasajes tomados de las más conocidas tragedias ita­lianas.

Las diversas combinaciones de me­tros poéticos no tienen, según él, la fuerza necesaria para el lenguaje de la pasión; el endecasílabo suelto, o tiene una marcha sostenida, y le falta entonces naturalidad y concisión, o baja su tono y pierde toda gracia, como «aquellos que, nacidos nobles, se disfrazan de villanos». Es menester un verso que se aproxime lo más posible a la naturalidad del lenguaje hablado: así fué el de los griegos, y es el de los franceses, «que no tiene de verso sino el metro y la rima». Servirá para la tragedia y para la comedia, según el ejemplo de aquellos dos pueblos, ambos eminentes en los dos terre­nos; porque, contrariamente a la opinión de los latinos, tragedia y comedia difieren por sus conceptos, pero deben identificarse en la sencillez de la elocución. No habiendo con­seguido por la diferente naturaleza de la lengua, reproducir en italiano el alejandrino, Martello propone, imitarlo con el septenario doble pareado, que usó en su Rosa fresca, fragantísima (v.) Ciullo d’Alcamo, y que Chiabrera en las Maniere di ver si toscani llamó yambo de metro corto.

Según el uso de versos truncados, llanos o esdrújulos, puede variar de doce a dieciséis sílabas; tiene por lo tanto medida suficiente para contener la expresión de cualquier senti­miento difícil, y sus rimas quedan lo bas­tante alejadas unas de otras para no fatigar el oído. Este escrito fue puesto por el autor como prólogo a su teatro para justificar su verso llamado en Italia marteliano (el ale­jandrino español) y destinado a suscitar más críticas que aceptaciones (v. Femia senten­ciado). Junto a la superficialidad de su cri­terio, que hace depender el valor de una obra literaria de su metro, es notable su insistencia acerca del canon de la familia­ridad de la elocución, a la cual Martello se mantuvo siempre fiel. Con este tratado toma su posición — corifeo de la imitación francesa — en aquel ardiente debate sobre el teatro trágico que caracterizó al siglo XVIII italiano, primer síntoma, en el campo lite­rario, del inminente despertar nacional.

E. C. Valla