[Del’homme, de ses facultes intellectuelles et de son éducation]. Obra filosófica póstuma del escritor francés Claude-Adrien Helvétius (1715-1771), publicada en 1772, y dedicada a Catalina II.
Está dividida en diez secciones, cada una de ellas subdividida en diez capítulos. Su objeto es el mismo que el de la obra precedente Del Espíritu (v.): esto es, determinar científicamente sobre los hechos individuales y sociales, las leyes necesarias para la felicidad de los pueblos. Insistiendo en los conceptos ya expuestos, Helvétius presta en esta obra particular importancia al problema religioso en sus relaciones sociales. Los obstáculos para una conveniente educación del hombre son: el gobierno arbitrario, el interés personal de los poderes públicos y la ignorancia. Deseando la transformación de Francia en República federal, con libertad de espíritu y de actividad, el autor esboza un catecismo del ciudadano en que se reafirma como ley suprema el bien público, y un sistema bien ordenado de recompensas y castigos. Sueña en una religión universal, coronación de la moral universal fundada sobre la verdadera naturaleza del hombre, creada por el poder legislativo, y cuyo único dogma sea «La voluntad de un Dios justo y bueno es que sus hijos sean felices sobre la tierra y gocen de todos los placeres compatibles con el bien público», y el único precepto: «Los ciudadanos, cultivando su razón, lleguen al conocimiento de sus deberes para con la sociedad… y de la mejor legislación posible».
Un progreso moral se realizaría ya con la adopción del deísmo, con tal que los magistrados vigilasen para que no degenerase en superstición. Del hombre, sus facultades acrecienta los defectos del libro Del espíritu, aunque con maneras de ver parciales, justas y oportunas; hay en él las mismas paradojas, la misma erudición superficial, la misma incapacidad de comprender los valores del hecho religioso, el mismo desprecio brutal de la naturaleza humana y, por contraste, la misma patética confianza en los hombres, con tal que lleven el rótulo de funcionarios y magistrados estatales. Lo que quita de veneración a la iglesia, lo concede a la sociedad laica, con un clericalismo entendido al revés. Condenada por decreto del índice en 1774, la obra obtuvo muchas ediciones y traducciones a diversas lenguas. Las disposiciones adoptadas por la Revolución Francesa para con la Iglesia, y las ideas de religión laica estatal, predominantes en ella, se encuentran preconizadas en esta obra, en la cual está ya contenida toda la moral utilitaria de Bentham. Beccaria le debió su teoría de la omnipotencia de un sistema bien ordenado de premios y castigos, y Nietzsche, su teoría del amor de sí mismo. «Lo que Bacon fué para el mundo físico, Helvétius lo fué para el mundo moral», ha escrito Benthman.
G. Pioli

