Tratado de Arquímedes (siglo III a. de C.), en dos partes, que ha llegado hasta nosotros por medio de la primera traducción latina de Nicoló Tartaglia, quien a su vez, muy probablemente, lo transcribió de un códice anterior. Arquímedes pone aquí las bases de toda la hidrostática, y enuncia una teoría de la flotación tan completa y perfecta que muy poco se ha añadido posteriormente por los investigadores. En su primera parte el autor, admitiendo que la superficie de un fluido asume una forma esférica cuyo centro es el mismo centro de la tierra, observa que un fluido, en su parte menos comprimida, es impelido por la más comprimida y determina de este modo el origen de una verdadera fuerza en el interior del líquido. De aquí la razón por la cual, si se sumerge un sólido en un líquido más pesado, este sólido tenderá a salir fuera del líquido según un impulso, que será tanto mayor cuanto mayor sea la diferencia de densidad entre líquido y sólido.
Éste es el famoso principio de Arquímedes, que al propio Arquímedes le permitió calcular el peso específico relativo al agua de un cuerpo y que es la base del desarrollo de la teoría de los cuerpos flotantes. Esta teoría conduce también al autor a considerar el caso de un segmento esférico sumergido en un fluido; el cuerpo flotante presentará de este modo una posición de equilibrio cuando su base sea horizontal. En la segunda parte del tratado Arquímedes reanuda la teoría de los cuerpos flotantes, fijando la condición por la cual si un cuerpo es sumergido en un líquido más pesado que él, la relación entre la densidad del uno y del otro es igual a la relación entre el peso del sólido sumergido y el peso de todo el sólido. El autor considera finalmente, particulares condiciones de equilibrio (por ejemplo, la de un paraboloide de rotación sumergido en un liquido) a través de minuciosas y originales observaciones sobre la flotación dé los cuerpos, poniendo así las bases de la teoría del «meta centro», que representará el estudio fundamental de todas .las futuras investigaciones náuticas.
O. Bertoli

