De la Poesía Ingenua y Sentimental, Friedrich Schiller

[Ueber naive und sentimentalische Dichtung]. Ensayo estético de Friedrich Schiller (1759-1805) publicado por primera vez en varios números de la revista «Die Horen» en 1795; después fueron reunidas, con el título actual, en los Escritos menores en prosa, parte II. 1800.

Este ensayo cierra el gran período filosófico de la actividad de Schiller, y es un puente por el que, alcan­zada la solución del problema y recuperada la fe en su arte, vuelve a la creación poé­tica. Llama a este trabajo «un juicio uni­versal para la mayor parte de los poetas alemanes». De él deriva, según Goethe, la distinción que después se estableció entre poesía clásica y romántica, que renovó toda la crítica moderna; en efecto, el concepto de lo ingenuo como género poético es aquí comparado al de la antigua poesía de la na­turaleza; y el concepto de lo sentimental, que no es sino la contrapartida del primero, viene a significar el género moderno de «poesía ideal».

La poesía es la más perfecta expresión de la humanidad, lo que, según Schiller, da principio a un todo armónico, en que la naturaleza sensible, la espiritual y la moral actúan todavía concordes; des­pués, cuando se entra en el período de la cultura, comienza el conflicto entre razón y sentidos, entre «ideal y vida», y a las tendencias sensibles se opone el imperativo de la razón; finalmente las dos fuerzas acti­vas y disidentes del alma humana se unen, y la unidad inconsciente del hombre primi­tivo se convierte en armonía consciente del hombre completamente formado por la cul­tura misma. Los principios de la filosofía kantiana son evidentes; Schiller los aplica a la poesía, y a cada grado del desarrollo de la humanidad corresponde un grado igual en el desarrollo de la poesía. La pura sencillez primitiva está representada por el poeta ingenuo, el cual es todavía naturaleza y tiende a representarla del modo más sen­cillo y fiel.

El conflicto traído por la cultura halla su expresión en el poeta sentimental, que ya no es naturaleza perdida, y en lugar de la imitación de ella pone la representa­ción de lo ideal. La «armonía consciente e independiente» del grado supremo del de­senvolvimiento efectuado por la humanidad, es la meta de un futuro poético ideal. Con todo, como este último grado no será nunca verdaderamente alcanzado, por cuanto es un ideal infinito, los dos primeros son los únicos modos posibles de manifestación del genio poético. Son distintos entre sí, pero existe un concepto superior que los com­prende a los dos en sí y que coincide con la idea de la humanidad. La distinción entre poesía ingenua y sentimental tiene su géne­sis en la de Herder entre poesía de natura­leza y poesía de arte, pero, lejos de dar el predominio a una o a otra, Schiller con­cluye que «ni el carácter ingenuo, ni el sen­timental realizan completamente el ideal de la humanidad».

Solamente su síntesis po­dría dar el «máximum» de la poesía y conduciría lo bello que, «por una parte, debe concordar con la naturaleza, y por otra, con el ideal», a su verdadera expresión. Como todos los conocimientos no son sino grados diversos de un conocimiento que tiende a lo absoluto, y todas las morales son grados de una moralidad única que tiende hacia el ideal supremo de perfección, así todos los géneros de poesía participan en una poesía única, que tiende hacia lo ideal de lo bello. La misma antítesis es presen­tada por Schiller en una carta a Goethe, aunque en otros términos; esto es, en el contraste entre espíritu intuitivo (Goethe) y espíritu especulativo (Schiller); y, tal vez, de la íntima necesidad de fijar y justi­ficar lo propio y todo el sentir moderno frente al de Goethe y de los antiguos, ha nacido este ensayo sobre la poesía ingenua y la sentimental. Respecto a la técnica del desarrollo de este pensamiento se nota una simetría de construcción, siempre basada en contrastes, y un rigor de clasificación tal vez excesivo, pero fruto de un ansioso y honrado propósito de hallar claridad.

El método del sistema schilleriano es el de Kant en la filosofía moral: «a priori»; como los conceptos morales, también los estéticos son ideas puras, fuera de la experiencia, que se imponen como imperativos; el punto de partida, pues, es la deducción de la poesía, como concepto puro, del concepto de la humanidad perfecta, del cual después se desarrollan deductivamente los conceptos de los dos géneros de poesía. Resulta de ello que el criterio schilleriano no es en modo alguno histórico; su doctrina debe ser con­siderada como pura filosofía de la poesía. Del idealismo ético de Kant, Schiller ha avanzado hasta el idealismo estético, y el presente ensayo es la expresión de la rela­ción entre los supremos ideales del arte y los supremos ideales humanos.

C. Baseggio y E. Rosenfeld