[De dignitate et excellentia hominis]. Tratado filosófico compuesto en latín en 1452 por invitación del rey Alfonso de Nápoles, a cuya corte el autor había ido como orador de la república de Florencia. La obra es importante en la historia de la cultura y de la espiritualidad del Humanismo, en cuanto combate el pesimismo medieval y contribuye a instaurar las más atrevidas afirmaciones respecto al poder del hombre en el mundo. Aun citando a autores clásicos y cristianos, el autor demuestra una visión completamente personal de las cosas, considerando el esfuerzo que el hombre efectúa en la historia, y la finalidad del mundo en su inmensidad. La existencia no es un valle de lágrimas, sino un lugar de combate, donde el hombre se afirma cada vez más digno del origen divino de su actividad espiritual.
El perenne contraste de dolor y placer, de contemplación y acción, es la fuente del bien y del mal para el hombre verdaderamente digno de tal nombre: en su ansia de luz y de fe puede alcanzar lo divino para ser del todo señor de lo creado y continuar con una obra factible el soplo que Dios ha impreso en todas las cosas. De aquí surge la actitud inmanente del tratado, aunque genéricamente se apoye en la experiencia de un devoto observador de las costumbres cristianas.
Hay que advertir que la intención polémica, que llevó al autor a formular algunos pensamientos atrevidos y heterodoxos respecto a la concepción religiosa de su tiempo, derivó de una obra de título análogo, compuesta por su contemporáneo Bartolomeo Fazio: obra sin nervio dentro de una aparente nitidez de estilo y basada sobre la argumentación de que la superioridad del hombre sobre los demás seres reposa en la beatitud del cielo al que está destinado por el Creador. Los acentos vivísimos de Manetti (cuya conciencia de pensador se había formado sobre la atenta y meditada lectura de los textos antiguos, incluso hebreos) explican la radical posición de su espíritu que alguna vez va más allá de sus propias intenciones. Por ello la obra, publicada en 1532, fue incluida en el Índice por el Concilio Tridentino.
C. Cordié

