Cuestiones Académicas, Marco Tulio Cicerón

[Académica]. Marco Tulio Cicerón (106-43 a. de C.) en el año 45 componía dos libros de diálo­gos sobre el problema del conocimiento según los dictámenes de los profesores aca­démicos, los cuales, en aquel siglo, alejándose de la dirección del fundador de la Academia, Platón, habían abrazado el es­cepticismo. Los dos libros «Los primeros académicos» [«Académica priora»], más tar­de mejorados, y a los que se dio el nombre de los dos principales interlocutores, Catulo y Lúculo, se acrecentaron con nuevo mate­rial dispuesto en cuatro libros, con el nom­bre de «Los segundos académicos» [«Acadé­mica posteriora»], en los cuales los princi­pales interlocutores son Ático y Varrón.

De la edición primera nos ha quedado el segun­do libro, de la segunda el primero, mutilado. Por estos dos libros supervivientes, que nos han llegado a través de reelaboraciones, se reconstruye lo que era el problema del co­nocimiento para Cicerón. En el primero ex­pone la evolución experimentada por la filosofía griega desde Sócrates en adelante; hay continuidad de dirección, a pesar de las fre­cuentes desviaciones, que une a la antigua la nueva Academia, a Platón, Arcesilao y Carnéades; común a todos los filósofos aca­démicos es la convicción de que ni la ver­dad es accesible por medio de los sentidos, ni el conocimiento humano puede tenerse jamás por absoluto. Las divergencias entre antiguos y nuevos académicos proceden úni­camente del diverso planteamiento de este único problema fundamental. En el segando («Lúculo»), están expuestas las teorías de Antíoco de Ascalona, un escéptico que se había pasado al eclecticismo. La superación del escepticismo se efectuó sobre la base del probabilismo; es menester que una confian­za mayor inspire al hombre en la investi­gación de la verdad. Con las continuas in- certidumbres del escéptico, con la perenne suspensión del juicio, con la duda metódica que se aplica a todo, la vida del hombre amenaza volverse árida e infecunda.

Pero más allá de las disciplinas y las artes, el probabilismo trae evidente ventaja a las so­luciones éticas, que están en la base de la vida del hombre y de la investigación del sumo bien. Los Académicos son, entre las obras de Cicerón, y él mismo lo reco­noce explícitamente, la más estrictamente filosófica. No es un tratado que resuelva de­finitivamente un problema ni que ofrezca la perspectiva de una idea original; es úni­camente una exposición de las razones his­tóricas, lógicas, morales, por las cuales Ci­cerón ha abrazado la filosofía académica, la única que le permite mantener su coheren­cia metodológica si bien después, para acep­tar sus consecuencias extremas, debe reco­nocer que la verdad no es nunca accesible para el hombre y que lo que parece verda­dero al hombre, mejor se haría en llamarlo verosímil. [Trad. de A. Millares Cario (Ma­drid, 1919)].

F. Della Corte