Conferencias sobre los Poetas Ingleses, William Hazlitt

[Lectures on the English Poets]. En estas ocho conferencias publicadas en un volumen, en 1818, el crítico inglés William Hazlitt (1778-1830) esboza rápidamente el desarrollo de la literatura de su país, deteniéndose en los autores principales. En la primera conferencia, considerada como introducción, trata de la poesía en general [«On Poetry in general»], definiendo la poe­sía como «el lenguaje universal que el co­razón emplea con la naturaleza y consigo mismo». En la segunda, hablando de Chaucer y de Spenser [«On Chaucer and Spen­ser»], habla en primer lugar de su deuda hacia los poetas italianos y afirma que mien­tras Chaucer, atento a la realidad fue el más práctico de los poetas, Spenser fue el más romántico e imaginativo, capaz de crear encantadores mundos de hadas. La tercera [«On Shakespeare and Milton»] hace hincapié en el contraste con Shakespeare, poeta de la naturaleza, cuya fuerza comu­nicativa le permitió identificarse con todos los demás, y Milton, el poeta de la mora­lidad, que consideró las circunstancias des­de las más altas regiones del pensamiento. En la cuarta conferencia, estudiando a Dryden y a Pope [«On Dryden and Pope»] de­fine los grandes maestros del estilo artificio­so. En la quinta [«On Thomson and Cowper»], reconoce a Thomson el mérito de ser el mejor poeta descriptivo inglés, mientras que Cowper, a pesar de tener un gusto más refinado, peca, de vez en cuando, de una morbosidad que procura en vano hacer pa­sar por simplicidad.

La sexta conferencia está dedicada a los últimos poetas del XVIII [«On Swift, Young, Gray, Collins, etc.»] : los Viajes de Gulliver (v.) son para Hazlitt un «libelo contra la humanidad» y una «prueba de misantropía»; Young es un epi­gramático viciado por una excesiva tristeza; reconoce la ática simplicidad de las Odas (v.) de Collins, y define la Elegía escrita en un cementerio (v.) de Gray como «uno de los productos más clásicos que han salido jamás de una mente pensadora moralizan­do sobre la vida humana». La séptima [«On Burns and the oíd English ballads»] con­tiene una exaltación de Burns que tenía «un verdadero corazón de carne y sangre palpitando en su pecho», y una evocación de las antiguas baladas escocesas llenas de sugestivo encanto. La octava está destina­da a los poetas contemporáneos de Hazlitt [«On the Living Poets»] : y el autor men­ciona brevemente a Campbell, «tan teme­roso de equivocarse que acaba por hacer poco o nada» y se esteriliza en la supercrítica de sí mismo; a Thomas Moore, que «agota la atención a fuerza de ser inagota­ble», pero que es irremisiblemente super­ficial; a Byron, demasiado cerrado en la tristeza impenetrable de sus pensamientos que, como un cáncer, roen el corazón de la poesía; a Walter Scott, rico en las cua­lidades más comunes y accesibles, pero pri­vado de una auténtica originalidad.

En Wordsworth, que él define como el más original poeta viviente, la poesía es inter­na, no depende de la tradición ni de la historia, sino que fluye de su propio espí­ritu; no obstante, le falta la facultad cons­tructiva y nos da tan sólo matices desliga­dos de pensamiento; es el jefe de la escuela poética de los «lakistas», que tuvo su ori­gen en los sentimientos y en las opiniones que produjeron la Revolución francesa y que tiende a nivelar todas las distinciones de la naturaleza y de la sociedad para vol­ver la poesía a su primitiva y originaria simplicidad. Concluye diciendo que los poe­mas épicos de Southey son mecánicos y ex­travagantes, pesados y superficiales, mien­tras que Coleridge, profundamente dominado por la influencia alemana, parece conce­bir la poesía «como un sueño ebrio, agi­tado, irreflexivo, indiferente al pasado, al presente y al porvenir». Es una colección de ensayos agradables y apasionados donde se revelan, en juicios sintéticos de pro­funda agudeza, las particulares virtudes de Hazlitt, su sentido vigoroso y directo de la vida interior y la avasalladora simpatía que le permite captar y expresar admirable­mente el secreto de las almas ajenas.

A. P. Marchesini