Colección de Pensamientos de Joubert

[Recueil de pensées]. Obra del francés Joseph Joubert (1754-1824) reunida y pu­blicada por Chateaubriand en 1838 y repe­tidamente impresa con notables adiciones, particularmente en la edición de 1842, diri­gida por P. de Raynal: Pensamientos, máxi­mas, ensayos y correspondencia [Pensées máximes, essais et correspondance]. La deli­cadeza sombría y precisa del literato se evi­dencia en las observaciones sobre sus con­temporáneos, en el repudio de las petulan­cias o la vaciedad de ciertos conceptos de la Revolución. Delicado admirador de la be­lleza femenina, Joubert se entrega, con una complacencia muy siglo XVIII, a la galan­tería, a la sonrisa de hombre de salón, a las manifestaciones corteses. La vida es para él conveniencia y juego de reglas. Si se trata de un amigo bizco, dice que se le debe mirar de perfil a fin de poder hablarle con la mayor amabilidad posible; si se le soli­citan obras poéticas o juicios acerca de es­critores contemporáneos, afirma que siempre atiende al estado de gracia y que resulta dulce mantenerse en la contemplación de la belleza sin llegar a establecer un juicio; y, por fin, respecto a sí mismo, declara jus­ta la opinión de una dama: que parecía un alma que hubiese encontrado por casualidad un cuerpo y que salía del paso como mejor podía.

El esfuerzo de la creación literaria le parecía un peso excesivo («Cuando hago luz, me consumo», y también «No torneo la frase, sino la idea. No me doy por satisfe­cho hasta que la gota de luz que yo necesito se ha formado y cae de mi pluma»); pero es precisamente en tal lucha con la expresión y el estilo, donde se manifiesta su más relevante afirmación como literato. El gusto de una pureza clásica guía sus jui­cios sobre Voltaire, de quien aprecia la agu­deza y el brío, si bien le combate como pen­sador y como hombre político; refiriéndose a Lesage, dice que escribió novelas ági­les y fragantes como quien se pone a jugar al dominó en un café a la salida del teatro; de Chateaubriand, que se funde todo en su calor de imaginista y que escribe al sol, mientras que de Bernardin de Saint-Pierre afirma que explaya sus sentimentalismos al claro de luna. Desde 1938 poseemos la Co­lección, en edición más completa: Les Car­nets, de J. J. Textos recogidos sobre los ma­nuscritos autógrafos, por A. Beaunier (edi­tor Gallimard).

C. Cordié

Joubert, un simbolista consumado e ino­cente. (Lemaitre)

…muchas veces fatiga al lector; a veces lo ilumina. (Lanson)

El verso de La Fontaine: «Los seres deli­cados son infelices», parece que se hubiera escrito pensando en Joubert. Esta delicadeza suya se une cabalmente a la precisión de la forma y el pensamiento, pero excluye las condiciones normales y la materialidad de la vida. Está creada para un país poblado de sombras felices y se adapta maravillosa­mente a una existencia póstuma. Todo lo que Joubert escribe sobre poesía es incom­parable. Para hallar esta familiaridad, con la línea sinuosa del pensamiento y con sus claroscuros, será preciso aguardar a Mallarmé y a Valéry. (Thibaudet)

Pascal es un «enfermo», pero Joubert es un «valetudinario». Así, la leve caricia de la mente de Joubert sobre las ideas, como la caricia de la mano rugosa sobre la mejilla joven, es algo que, sin duda, enternece, pero que también repugna un poco. (E. d’Ors)