Cartas Filosóficas sobre las Vicisitudes de la Filosofía Relativas a los Principios del Conocimiento Humano de Descartes hasta Kant Inclusive

[Lettere filoso fiche su le vicende della filosofía relativamente ai principi delle conoscenze umane da Cartesio sino a Kant inclusivamente]. Cartas de Pasquale Galluppi (1770-1846), publica­das en 1827, dirigidas al canónigo don Goffredo Fazzari, profesor en el seminario de Tropea, para «suministrar — según las pro­pias palabras- del autor — un modelo de una historia filosófica». En una segunda edición del 1838, el autor añadió una nueva carta y convirtió en dos la primera, de manera que fueron catorce, a las cuales, en edicio­nes sucesivas, fueron añadidas otras dos, una sobre Fichte y otra sobre Schelling y Hegel. Las Cartas Filosóficas tratan históri­camente el problema del conocimiento, des­de Descartes a Kant. Según Galluppi la filo­sofía es «ciencia subjetiva», es decir, ciencia del pensamiento; por esto el autor empieza por Descartes, el primer filósofo que había hecho de la realidad interior el punto de partida para afirmar cualquier otra forma de realidad y la circunscribe dentro del problema gnosológico, el único problema, desde el punto de vista de Galluppi, estric­tamente filosófico.

En las siete cartas pri­meras el autor nos ofrece una exposición aguda y, por lo general fiel de la doctrina del conocimiento en Descartes, Locke, Condillac, Leibniz y Kant. La octava carta con­tiene observaciones interesantes sobre doc­trinas precedentes. En el «saber humano», Galluppi distingue dos momentos; la sínte­sis, o sea, el acto mediante el cual el es­píritu construye la naturaleza sensible, y el análisis, o sea el momento de la reflexión, en el cual el espíritu revisa su propia obra. Locke se ha atenido sólo a este segundo proceso de la actividad del espíritu, y ha fundado el conocimiento sobre el análisis de la experiencia. Los idealistas y Kant consideran en cambio el primer momento, esto es, la síntesis. Con todo, mientras para los idealistas ésta es puramente síntesis de sensaciones, de elementos «a posteriori», para Kant es síntesis de sensaciones y de elementos subjetivos «a prior i». Pero, ob­serva Galluppi, puesto que el resultado de esta síntesis no es un conocimiento confor­me a la realidad absoluta de las cosas, y la experiencia no nos da más que apariencia, «todo el saber humano gira en un círculo de apariencias sin ser capaz de salir de él ja­más». En realidad Galluppi confunde el «fe­nómeno» («Erscheinung») en sentido kantia­no con la «apariencia» («Sein») y no ha entendido que para Kant el conocimiento no es adecuación entre nuestro pensamiento y una realidad independiente del pensa­miento, sino que él mismo es constitutivo de la realidad; y que la objetividad del conocer no es garantía de aquella adecua­ción, sino de la estructura trascendental de la razón; de donde la realidad es en sí fenómeno, pero no ya apariencia. Las car­tas restantes tratan del problema de la rea­lidad y de los límites del conocimiento en Hume, Berkeley, Reid, y, una vez más, en Kant.

La carta número catorce contiene una breve autobiografía filosófica, un poco im­precisa, si bien, de todas formas, preciosa para el estudio de su pensamiento. Galluppi se esfuerza por determinar lo que hay de objetivo y de subjetivo en el conocimiento; partiendo de Condillac, acepta la exigencia fundamental de basar el conocimiento en la experiencia; pero, contra los idealistas, afir­ma una actividad originaria del espíritu, la cual hace nacer ciertas relaciones entre los términos proporcionados por la experiencia. Hasta aquí Galluppi es kantiano; pero para salvarse del relativismo y del escepticismo, en que según él incurrió Kant, Galluppi querría reafirmar, contra Kant, el concepto de la objetividad de la realidad, fundando la validez objetiva del conocimiento en la adecuación entre las relaciones sintéticas «a prior i», puestas por el espíritu en la consti­tución de la experiencia comparada o na­turaleza, y las estructuras esenciales de la realidad inmediata dada al espíritu en la que él llama experiencia primitiva. Gallup­pi cree haber superado a Kant de este modo y haber garantizado la objetividad y la rea­lidad del conocimiento, sin advertir que deja sin resolver precisamente la cuestión funda­mental: ¿Qué es esa experiencia primitiva, esa conciencia sensible, que es certidumbre absoluta y fuente y garantía de toda certi­dumbre? Las Cartas filosóficas han tenido el gran mérito de difundir en Italia el co­nocimiento del pensamiento filosófico eu­ropeo de Descartes en adelante, y de susci­tar un gran interés por el criticismo kan­tiano.

G. Borsa