Cartas Científicas y Eruditas, Lorenzo Magalotti

Obra póstuma de Lorenzo Magalotti (1637- 1712), publicada en 1721; una de las mues­tras más notables de la prosa del siglo XVII inspirada en la escuela de Galileo. Las dis­tintas cartas dirigidas a sus amigos y a personajes de la época (entre los cuales se encuentran Orazio Rucellai, Vincenzo Viviani, Angiolo María Quinino) constituyen verdaderos ensayos, bien ordenados en tor­no a los temas y llenos de amabilísimas di­vagaciones. Su discurso versa, con vivas observaciones sobre el aspecto de la reali­dad, como la considera un científico, sobre un efecto de la nieve, sobre la ebullición de la sangre; sobre la luz, el vino, el ve­neno de las víboras, los olores, el tallado de los diamantes, la cuestión tan discutida entonces del alma de los animales. El es­critor consigue una sutileza sorprendente al representar los fenómenos con la precisión de un verdadero académico del «Cimento» y, al mismo tiempo, se abandona al encan­to de las cosas y a cuanto de exótico y europeo flota en el ambiente: se percibe en su prosa un espíritu abierto como pocos a las novedades de la época, por amor a la verdad y que, desde Galileo a Redi, acoge la realidad compleja, y a la vez sencilla, del mundo, y encuentra en ella su propia ley moral. La límpida pátina del estilo pa­rece encubrir el juego del artista que son­riendo habla de la «maravillosa extravagan­cia de una flor», por los efectos de su perfume y las experiencias a que está so­metida; y de la letra B «porque se aplica tan a menudo al principio de los apellidos». La curiosidad que induce a discutir a la luz de la ciencia pasajes de autores anti­guos, por ejemplo de San Agustín, queda más suavemente sobreentendida gracias al tono con que el mundo es observado, goza­do, alabado. En esto muestra Magalotti el verdadero tono de su obra de literato y de investigador; un aliento malicioso y una dulce condescendencia de científico que anda por la naturaleza y por las cortes: cua­lidades todas ellas, que presuponen la salud mental clara y precisa de Redi, pero dan a estas nuevas descripciones científicas la agi­lidad de una conversación epistolar, escri­ta por un ensayista de buen gusto.

C. Cordié

Lorenzo Magalotti ofrece una limpidez ya próxima a la forma moderna. (De Sanctis)