Calígona, Johann Gottfried Herder

[Kalligone]. Obra de Johann Gottfried Herder (1744-1803), publicada en Weimar en 1800. Es inmediata continua­ción de la metacrítica (v. Inteligencia y experiencia), en la que Herder criticaba la filosofía teorética de Kant, fundándose prin­cipalmente en los conceptos que surgen del lenguaje común. En Calígona Herder exa­mina en cambio la Crítica del juicio (v.) y en particular la estética de Kant. La obra no es muy original; en la época de su publicación, la filosofía kantiana había sido ya criticada y desarrollada por una plé­yade de epígonos. Y por otra parte, Herder se refiere, contra la estética de Kant, a las teorías estéticas de los escritores ingleses, que admira desmesuradamente, aun encon­trando extraño que en Inglaterra hubiese tan agudos estudiosos sobre estética y tan pocos artistas. Herder aprecia, sobre todo, por su idea del arte como actividad, a Harris, hoy poco menos que desconocido. La crítica resulta sencilla si se tiene en cuen­ta que Kant, en el enfoque del problema, debía mucho a los estéticos ingleses en es­pecial a Burke y a Hume. Pero Kant había cambiado, por así decirlo, el plano de las consideraciones filosóficas de éstos, que en el fondo eran hedonistas, hablando de un placer sin interés y del objeto artístico como objeto sin concepto. Contra este punto se dirige particularmente la crítica de Herder. La nueva concepción kantiana, que le pa­rece un retorcimiento del significado de las palabras «agradable sin interés», no tiene sentido para él. Y, sobre todo, la idea de un objeto sin concepto suscita sus pro­testas más vivas; Herder afirma sin más que no hay sensación posible sin concepto, sin acto intelectual.

Evidentemente, lo que a Herder interesa destacar es el aspecto ac­tivo de la obra artística; para un pensador que, como Herder, creía que la poesía ma­nifestaba sin más el pensamiento primitivo de los pueblos, la negación del valor teo­rético del arte le debía parecer un absurdo. Pero todas estas argumentaciones están re­petidas varias veces y, además, con digresio­nes largas e innumerables, en las que Herder habla un poco de cuanto se rela­ciona con el arte, cita a Kant, a mil pen­sadores precedentes, desde Bacon hasta Harris. A través de la crítica, Herder llega (en la segunda parte) a buscar la relación entre la naturaleza y el arte, mostrando que las artes (empezando por la arquitectura y la jardinería) han tenido su origen en las mismas necesidades de la vida del hombre. Por lo cual el arte y las formas sociales están estrechamente ligadas y así Herder termina con la conclusión de sostener que lo bello no es éticamente indiferente, como consideraba Kant, sino que es en cambio el símbolo del bien. De este modo se rela­ciona con las ideas clásicas, recogidas de Shaftesbury y de Hutcheson, sobre una es­trecha relación entre belleza y virtud, y repite su concepto fundamental: la función educativa del arte.

M. Maulio Rossi