Bases Económicas de la Constitución Social, Achille Loria

[Basi economiche della costituzione sociale]. El socialismo agrario, es decir, el sistema que se propone no ge­neralizar la propiedad privada, sino suprimirla o por lo menos amputarla de sus atributos principales, tuvo en Achille Loria (n. 1857) uno de sus más ilustres re­presentantes. La teoría de Loria, tal y como aparece en esta obra, publicada en 1913, se basa en la función del factor tierra en la evolución histórico-social. Mientras existan tierras libres, la propiedad capitalista es imposible, puesto que nadie estará dispues­to a trabajar para otro cuando puede, libre­mente, trabajar por cuenta propia tierras no ocupadas. De esto se desprende que el capital sólo puede obtener un provecho su­primiendo la tierra libre. Pero no siendo posible suprimir la tierra libre sino cuando hay poca densidad de población y la ocu­pación total de la tierra es irrealizable, el único medio de que dispone el capital para obtener un provecho sin trabajar consiste en reducir a la esclavitud al trabajador. De este modo, la propiedad individual se con­vierte en la base primaria de la propiedad capitalista. Pero cuando todas las tierras libres y susceptibles de ser trabajadas con el puro trabajo están ocupadas, el trabaja­dor se ve obligado a vender su trabajo y a conceder al propietario del terreno una parte de los productos obtenidos con su trabajo.

Así, le bastará al capital, para asegurarse un rédito indefinido sin trabajo, no dejarse arrebatar la propiedad rústica. Para conseguirlo, el capital lucha por mantener el salario del trabajador con un mínimum necesario para vivir, es decir, para impedirle acumular bajo forma de ahorro un cierto capital que le permitiese cultivar la tierra aún libre, pero no cultivable con el solo y estricto trabajo. Y si toda la tierra estuviese completamente ocupada aunque el salario del trabajador fuese tal que le per­mitiese hacer algunos ahorros, la demanda de tierras en el mercado sería suficiente para poner el precio de estas tierras fuera del alcance del trabajador. De todo lo cual se deriva que tan sólo la reimplantación de la tierra libre, es decir, el derecho de cada hombre a ocupar la cantidad de terreno que sea capaz de cultivar, permitiría a la so­ciedad evitar los inconvenientes que se de­rivan de semejante estado de cosas. Repre­sentante de una especie de fisiocracia socialista, Loria, entre otros puntos débiles de su argumentación, ha exagerado la im­portancia del factor tierra precisamente en un momento en que el desarrollo de la in­dustria ha abierto al hombre nuevas posi­bilidades y horizontes nuevos, y al mismo tiempo ha creído poder resolver la pugna entre capital y trabajo recurriendo senci­llamente a una reforma agraria.

M. Maffei