Acerca de la Empresa del Criticismo de Trasmutar la Razón en Intelecto, Friedrich Heinrich Jacobi

[Ueber das ZJntemehmen d. Kritizismus, die Vernunft zu Verstande zu bringen]. Obra del filósofo alemán publicada en Hamburgo en 1802.

Ya en una obra an­terior: David Hume y la fe, o Idealismo y Realismo [D. Hume über das Glauben, der Idealismus und Realismus], Jacobi había expresado claramente su juicio sobre el cri­ticismo, partiendo también él, como todos sus contemporáneos, de la teoría del dato sensible y mostrando la incongruencia de derivarlo de la acción que una «cosa en sí» ejerce sobre la conciencia, cuando la crítica misma demuestra que la causalidad, como categoría del intelecto, sólo es válida para el mundo fenoménico.

Esta incongruencia revela el defecto fundamental, según Jacobi, del pensamiento kantiano que, encerra­do en un estrecho subjetivismo, no llega ni a pensar la realidad ni a justificar la determinación de la conciencia individual y sus grados de desarrollo, ni a fundamen­tar las exigencias ideales del hombre, sean éstas de orden teorético, moral o religioso, las cuales nos llevan a un or­den superior de la realidad. En esta obra insiste Jacobi en su realismo: los obje­tos de la percepción sensible no son meras apariencias, resultantes de una organización subjetiva del dato sensible, sino que son objetos reales, cuya realidad nos es dada inmediatamente gracias a la aprehensión de los sentidos, como realidad finita y deter­minada.

A esta realidad se dirige el inte­lecto humano, que ordena los datos perci­bidos, cuyas relaciones constantes descubre y fija, y por eso no rebasa el campo de una experiencia posible. En esto se halla Jacobi de acuerdo con la filosofía kantiana, pero el error de ésta reside en el hecho de que, al ignorar la intuición directa que co­noce la realidad de los objetos, ignora tam­bién la existencia de una facultad superior al intelecto, capaz de trascender del plano de la experiencia y de conocer la más alta, la absoluta realidad. Esta facultad, que Jacobi denominaba en un primer período «fe» y que en esta obra denomina «razón», es la aprehensión inmediata del objeto ab­soluto, de los eternos valores de la verdad, de la belleza, del bien, y de su principio, el alma de Dios.

Kant reconoce ciertamente la existencia de una facultad superior al intelecto, pero limita teóricamente de tal modo el uso de la razón, que ésta no es para él sino un grado superior del conocer intelectivo, sujeto a las mismas limitacio­nes, incapaz de transcender la experiencia. Y en cuanto al uso práctico, reconoce so­lamente la posibilidad de definir los pos­tulados de la vida moral y espiritual en general, pero no la de fundamentar ésta en la certidumbre de una realidad transcen­dente. Para Jacobi, intelecto y razón están en neta oposición. El intelecto es el saber del orden determinado por la realidad fini­ta; la razón es el saber de la realidad abso­luta; el primero nos descubre seres finitos en un mundo empíricamente concreto y justifica y fundamenta nuestra actividad técnica; la segunda se eleva al reino de la realidad ideal y absoluta en el que se fun­dan nuestra vida y nuestra actividad espi­ritual.

La verdad del intelecto se disuelve a la luz de la razón, la de la razón se obs­curece en la determinación y en la distin­ción del saber intelectual. Todo hombre se halla frente a estas dos verdades: la una que mira a la realidad concreta y finita, tras la cual todavía está el vacío; la otra que mira al cielo de los valores y de lo suprasensible, pero que pierde de vista a todo lo concreto y lo particular. Paganismo y Cristianismo constituyen una antítesis originaria, que el hombre sólo resuelve re­ligiosamente con un acto de fe en la razón, como luz de lo divino.

A. Banfini