Vidas de los Santos Padres, Domenico Cavalca

[Vite dei Santi Padri]. Obra ascética de Domenico Cavalca (hacia 1270-1342). Es en realidad una traducción en lengua vulgar de narra­ciones latinas, casi una refundición, que ha permitido a su autor transfigurar el relato al pasar por su espíritu sencillo y pia­doso y añadirle los comentarios que le suge­ría.

El libro narra la, vida y los milagros de algunos santos que lucharon por la fe de Cristo en medio de los hombres, y ven­cieron por la gracia de Dios y por las ad­mirables virtudes que atesoraban. Son no­tables, por el acierto psicológico de algunos retratos y una inspiración patética que se insinúa en ellos, la vida de San Antonio, que, al verse tentado, se bate como un caballero antiguo con el demonio hasta que Dios le concede la victoria; la vida de San Hilarión, que a pesar de ser joven no cede a las tentaciones de la carne ni a las ilu­siones del mundo, y con la fuerza de la oración consigue ahuyentar las potencias diabólicas; la vida de Santa Marina virgen, que vive con el nombre de Marino en un convento de religiosos y por humildad so­porta la calumnia y los castigos, cuando tan fácil le sería demostrar su inocencia.

El estilo apacible y llano con que el buen reli­gioso narra estas vidas de santos adquiere color dramático y vigor psicológico cuando trata temas extraños o alejados de su mun­do. Entonces el realismo que intenta infun­dir a la narración se cambia en una angus­tiada comprensión del dolor y del pecado que, en torno a las líneas rígidas del asunto, traza una luz sutil de poesía. Es famosa su vida de Santa María Egipcíaca (v. Vida de…); la pecadora María, redimida ya por la penitencia en el desierto, narra al abate Zósimo sus pecados, y evoca en una ardiente pintura el mal en que vivió y los halagos del demonio. Las páginas en que narra cómo, una vez en que se fue por mar, en un navío, junto con diez jóvenes marineros, con sus bailes, cantos y todo género de locuras, escandalizó a todos los pasajeros, sin temor ni a la tempestad, figuran entre las más bellas por el contraste que encierran, que rompe casi los ingenuos moldes de la fábula. En otra narración, el santo ermitaño Abraham va en busca de María, su sobrina, que ha sido descarriada por el demonio, y la encuentra en un lugar de perdición.

El ermitaño se le acerca disfrazado como si fuese uno de sus habituales frecuentadores y después tanto la reprende y con tal fer­vor de caridad, que consigue arrancarla al demonio y conducirla por el camino de la penitencia. Basta la ingenuidad del piadoso autor, en contraste con el tema, para que su palabra adquiera un calor, una fuerza expresiva que difícilmente podría obtener otro escritor más avisado pero menos puro. El libro de Domenico Cavalca confirmó una vez más que todo es puro para los puros de corazón; y demuestra que esta pía verdad puede convertirse en ayuda preciosa para un escritor.

C. Cordié

…para mí constituyen la prosa más per­fecta del siglo XIV: no solamente es áurea su lengua, sino precioso su estilo; puro, dulce, armonioso, noble, afectuoso. (Giordani)

Ningún libro moderno hallaba tanto el camino de mi corazón, ninguno tenia aque­lla sinceridad y ardor de sentimiento, acom­pañados de la unción y la ingenuidad del creyente. (Cantü)

El concepto de aquel siglo, producido por las abstracciones teológicas y escolásticas, toma carne, adquiere una existencia moral y material. (De Sanctis)

Domenico Cavalca, traductor de obras ascéticas e históricas, y recopilador de sen­tencias y ejemplos, era mucho menos poeta y más escritor de avisos y edificación; y aunque al traducir o refundir sus vidas de santos y de santas y anacoretas, narrase casos y describiese luchas psicológicas, el drama no se produce. (B. Croce)

Consigue escribir verdaderamente con airosa pluma y hacer que las figuras se muevan dentro un resplandor de oro. (F. Flora)