Vida de Santa Catalina, Virgen Y Mártir, Pietro Aretino

[Vita di Santa Caterina Vergi­ne e Martire]. Es una de las obras sagradas de Pietro Aretino (1492-1556), publicada en 1540 en Venecia, y reeditada por Ginammi en 1628. Sansovino había hecho en aquel tiempo un busto de la Santa, y Aretino en un soneto introductivo pide a la mártir que implore la protección divina para una empresa que quería realizar el marqués del Vasto, a quien está dedicada la obra.

Del Vasto, fastuoso mecenas de la Italia meridional, capitán de los ejércitos espa­ñoles, por entonces iba a participar en una próxima cruzada. (En el mismo volu­men hay otro soneto dirigido al marqués Ludovico Dolce, exaltador de la hipotética expedición; existe además una carta, tam­bién para Dolce, en donde se afirma la creencia de que la Vida de Santa Catalina era «la más encantadora y la mejor» de las obras nacidas de la «milagrosa pluma» de Aretino). Esta Vida es una colección de descripciones pictóricas al aguafuerte; en ella está ausente todo matiz de misticismo; se encuentra un gran atrevimiento estilís­tico, pero cuando se trata de hacer com­prender a los lectores en qué consiste el sacrificio y la felicidad del martirio, enton­ces Aretino se muestra incapaz de lograrlo, y ensarta un número sin fin de adjetivos, cadenas de frases que no terminan nunca.

Más que en las otras, en esta Santa Cata­lina se encuentra el preciosismo de su estilo rebosante de secuencias, de juegos de palabras, de artificiosos desbordamientos de imágenes. La vida y el martirio de la vir­gen de Alejandría, que fue condenada al cruel martirio de la rueda (De Sanctis cree erróneamente que se trata de Santa Cata­lina de Siena), están reelaborados sin di­ficultad sobre distintas narraciones hagiográficas: las partes mejor logradas son aquellas en que se narra la heroica obstina­ción de la doncella dispuesta a convertirse al cristianismo, la oposición hacia su padre y la conversión del mismo. Gran parte está dedicada al ferviente celo de la mu-chacha para convertir a los paganos e in­crédulos y a los sabios de Alejandría.

E. Allodoli

Casi en su totalidad se apoya en la in­vención; sin embargo, a pesar de que es admirable todo cuanto contribuye a la glo­ria de Dios, la obra, débil por sí misma, no sería nada sin la ayuda que meditando le he prestado yo. (Aretino)