Poemas, San Paulino de Aquilea

Exigua y llena de incertidumbre, en cuanto a su autenticidad, es la obra poética de S. Paulino (m. 802), maestro de gramática en la corte de Carlomagno, después patriar­ca de Aquilea.

De carácter meramente teo­lógico, profesión de fe viva del dignatario eclesiástico colaborador del príncipe cristiano en la lucha contra los herejes y en la conversión de los infieles, es la «Regla de la fe» [«Regula fidei»] en ciento cincuenta y un hexámetros de escaso valor poético, con una curiosa advertencia final en prosa a los lectores, en la que el autor parece tener en muy poca estima las reglas métricas y las galanuras de la forma. Más atractiva debió parecer le a S. Paulino la poesía rítmica popular, no muy frecuente todavía en su tiempo. Lamenta con acento profundo la muerte prematura en el campo de batalla de su amigo Eric, el valiente general del Friul. El célebre poema «Ver­sus Paulini de Herico duce», en catorce estrofas de cinco trímetros yámbicos cada una, es en su género el primer «planctus» que ha llegado hasta nosotros.

Otro himno, incompleto, en veintiocho estrofas de cua­tro versos, narra, siguiendo fielmente la pauta de la narración del Evangelio de San Juan, el milagro de la resurrección de Lá­zaro («Versus Paulini de Lazaro»), desarro­llando particularmente el dolor de Marta y María por la muerte de su hermano y su diálogo con Jesús. Atribuida un tiempo a Pablo Diácono y actualmente a San Pau­lino, cabe mencionar la célebre elegía, llena de emotividad, sobre la irreparable destruc­ción de Aquilea por Atila («Versus de des- tructione Aquilegiae nunquam restauran- dae»), «abecedario» en veintitrés estrofas que empiezan con las sucesivas letras del alfabeto, en el que cada estrofa está com­puesta de tres trímetros yámbicos rítmicos con un cuarto verso en cada final. De idén­tico metro y en cuarenta y dos estrofas es el himno sobre el nacimiento de Jesús («De nativitate Domini nostri Iesu Christi») y los hechos de su vida hasta la matanza de los inocentes.

Como en el caso del poema sobre Lázaro, el lenguaje sigue fielmente el del Evangelio. También parece ser obra de S. Paulino otro «abecedario» de la misma composición rítmica del precedente, en vein­titrés estrofas, más una final en loor de la Santísima Trinidad. Es una confesión de los pecados propios («Versus confessionis de luctu poenitentiae»), un acto de fe, una petición de perdón, que un especialista en manuscritos atribuye a San Hilario, obispo de Poitiers. En cuanto a otros himnos sa­grados anónimos que la crítica querría atri­buir al patriarca de Aquilea, apoyándose en el testimonio concreto de Walafrido Es- trabón (hacia 808-849), siempre queda la duda.

G. Billanovich.