Pentateuco

[«cinco es­tuches»; en hebreo, Tórah: ley]. Se com­prenden con esta denominación los cinco libros inspirados por Dios y primeros de la Biblia (v.), llamados en las versiones de los Setenta y de la Vulgata: Génesis, Éxo­do, Levítico, Números y Deuteronomio (v. estos títulos).

En el texto hebreo están indicados con la primera palabra de cada libro. La historia del origen del mundo y de los patriarcas antes del diluvio; la del diluvio, de Noé y de sus hijos que poblaron nuevamente la tierra; la historia de Abraham, progenitor del pueblo hebreo, y la de los hebreos después de él, hasta la muerte de José, en tierras de Egipto, forman la materia contenida en el Génesis. La salida de los hebreos de Egipto y lo que les sucedió en el desierto durante cuarenta años nos son narrados por Moisés en el Éxodo y en los Números. El Levítico es como un ritual, dirigido especialmente a los Levitas y a los Sacerdotes: es el código del culto exterior.

El Deuteronomio o Segunda Ley, dado al final de la residencia en el desierto, expone leyes ya promulgadas, pero con algún reto­que y adaptadas a las nuevas condiciones de vida sedentaria en que había de encon­trarse dentro de poco el pueblo en Pales­tina. La opinión de los exegetas y críticos católicos modernos se muestra unánime en reconocer a Moisés por autor del Penta­teuco. Apoyan su tesis en estos argumentos especiales: el testimonio de Jesús en el Evangelio de San Marcos (v.), XII, 18-27: «¿No habéis leído en el libro de Moisés?»; en el Evangelio de San Juan (v.), V, 45 y siguientes: «No penséis que yo deba acu­saros ante el Padre: vuestro acusador es el propio Moisés, en el cual ponéis toda esperanza. Porque si hubiereis creído a Moisés, también me hubierais creído a mí, porque él escribió de mí. Pero si- no creísteis en los escritos de él, ¿cómo podríais creer en mis palabras?» Y hay más de veinte pasajes en los cuales se atribuye a Moisés una actividad literaria y otros tantos son los pasajes atribuidos a Moisés en el Nuevo Testamento que se en­cuentran en los diversos libros del Penta­teuco.

La tradición hebrea reconoce a Moisés por autor del Pentateuco. Esto nos consta sobre todo por la traducción de los Setenta, por Flavio Josefo, por Filón y por el Talmud (v.). Los Santos Padres y la Igle­sia católica convienen en ello. Los críticos racionalistas sostienen que el Pentateuco es obra de varios autores desconocidos, cuyos escritos debieron fundirse en uno solo por un compilador muy posterior al tiempo de Moisés; de este modo se tendrían diversos documentos: 1) El Jahvista, así llamado por el nombre de Jahveh que se encuentra en él como nombre de Dios, sería el más antiguo y se remontaría hacia el siglo IX a. de C. 2). El Elohísta, así llamado porque el nombre de Dios se presenta en forma de Elohim, sería algo posterior, no mucho antes del 722 a. de C. 3).

El Deuteronomista, limi­tado a la casi totalidad del Deuteronomio (fuera de 42, 48-52; y 34, 1, 7-9 atribuidos al códice Sacerdotal), debió de ser escrito poco antes de la reforma religiosa efectuada por el rey Josías, el año 621 a. de C. 4). El Código Sacerdotal comprende principalmen­te las leyes litúrgicas, todo el Levítico, gran parte de los Números, partes más o menos largas de otros tres libros. Así se habría formado durante el destierro babiló­nico (586-538) y habría estado puesto en vi­gor el año 444 a. de C. en la restauración de Esdras. Estos diversos escritos se podrían distinguir: por el diverso empleo de los dos nombres divinos Jahveh y Elohim; por al­gunas diversidades de lengua y de estilo; por ciertas diferencias en las ideas religio­sas y morales; en la valoración del culto; en las actitudes ante la cuestión nacional y política; por las repeticiones con antino­mias, divergencias, tal vez contradicciones; por la presencia de textos paralelos parti­culares en el ámbito de un mismo relato, constituidos por el enlace de dos o más rela­tos.

originariamente distintos y después fun­didos por un redactor, o bien constituidos por un relato originario y adiciones pos­teriores. Pero, mientras el primero y el se­gundo argumentos pueden ser admitidos por cualquiera sin necesidad de deducir que el autor pueda ser retrotraído hasta después de los tiempos de Moisés, autor sustancial del Pentateuco, el tercer argumento es confu­tado por los descubrimientos muy recientes de Ugarit (Ras Shamra). En el segundo milenio a. de C. existían en aquella ciudad de Siria muchos usos litúrgicos y se prac­ticaban diversidad de sacrificios, que los racionalistas sitúan en el año 444 a. de C. Se revela en él también un sentido de jus­ticia y de bondad que presupone las leyes del Deuteronomio.

No hay, pues, razón para creer que Moisés no haya podido poseer aquel espíritu altamente religioso, y este sentido deuteronómico de su religiosidad, que existía antes de su época en una pobla­ción politeísta procedente de los confines de Palestina del sur. El cuarto y quinto argumentos, aunque contengan objeciones no fáciles de resolver, pueden explicarse con la aceptación de fuentes diversas que se completan mutuamente. Un crítico que no tenga prejuicios filosóficos puede aceptar con tranquilidad la solución de la Comisión Bíblica, que admite diversas fuentes para la composición del Pentateuco y no excluye diversos redactores o amanuenses. En estas fuentes bebió Moisés, autor principal o sus­tancial de la obra.

G. Boson