Meditaciones Cristianas y Metafísicas, Nicolas de Malebranche

[Méditations chrétiennes et métaphisiques]. Obra de Nicolas de Malebranche (1638-1715), sacerdote del Oratorio, pu­blicada en 1688.

Son veinte composiciones de las que ya su título indica el carácter: meditaciones, plegarias, reflexiones, desarro­lladas sin el obligado rigor de un sistema, vividas en la límpida interioridad de la conciencia. El trabajo explica las palabras del Evangelio, propuestas como amonesta­ción e intento: «Haec est autem vita aeterna: ut cognoscant te solum Deum verum et quem misisti Jesum Christum.» Las Me­ditaciones son, en efecto, coloquios entre el contemplativo discípulo y el maestro interior del alma, y por su tono apasionado y profundo y por su poesía de verdadera inspiración constituyen la obra lírica del autor. Hasta la cuarta parte, el tema fun­damental se refiere al Verbo, sabiduría eterna y razón universal de los espíritus; luego, el segundo tema, de la quinta a la novena parte, trata de Dios, única causa eficaz en contraposición a los seres huma­nos, causas ocasionales. El tercer tema, de la novena a la duodécima parte, trata del hombre (alma y cuerpo) y de sus deberes para con Dios. Por fin, el cuarto tema, de la decimotercera a la vigésima parte, exa­mina el orden de la gracia. Ésta es defi­nida como don de Dios, que se presenta bajo las dos formas de gracia habitual o caridad o amor del orden (iluminación na­tural de Adán y un aspecto de la gracia otorgada al justo); y de gracia actual o de sentimiento (propia de todos los pecadores después de la culpa original).

La causa ocasional de la gracia es el «Verbo encar­nado», y nos es concedida a través de los sacramentos, canales de gracia. El cristiano que trata de salvarse y de colaborar a la obra de Cristo, solamente debe adorar «en espíritu y verdad». La materia de las Me­ditaciones refleja todo el pensamiento de Malebranche: un ontologismo teológico de origen cartesiano y de tipo platónico, pero con un calor y una naturaleza propias. Dios es el único ser, la única causa, la verda­dera vida, Él crea el mundo para su gloria basado en las esencias ideales que en Él existen y comunica a los hombres su po­tencia estableciendo las causas ocasionales en la reciprocidad de sus efectos. El universo entero es ocasión de Dios; creado a través de una forma y una razón divina, el Verbo, después del pecado, es redimido y puesto en el orden de gracia por la dig­nidad del sacrificio de Cristo. Este sacri­ficio ofrece la manera de participar en la vida divina por medio de la realidad sa­cramental. La humanidad de Cristo es oca­sión de gracia, su divinidad es dispensadora de gracia, toda su persona, en fin, es la razón de la vida, es garantía de vida eter­na. De la cristología de Malebranche — que es la parte esencial de toda su filosofía — las Meditaciones representan el cuadro más claro y completo.

G. Colombo