[Geistiges Blumengártlein inniger Seelen]. Colección de poesías religiosas y cantos sagrados del poeta místico alemán Gerhard T. Tersteegen (1697-1769), publicada en una primera edición en 1729 en Frankfurt y Leipzig, y en una segunda edición — corregida y aumentada —, base de todas las reediciones sucesivas, en 1768. Tersteegen fue un alma cándida, iniciada desde su primera juventud, bajo la influencia de W. Hoffmann, en el «ejercicio de la piedad»; y pasó toda la vida en «íntimas experiencias religiosas» que propagó y difundió a su alrededor, primero en Mühlheim, en su humilde taller de tejedor, pronto convertido en la sede de una «devota reunión clandestina», luego en toda la región renana, que recorrió hasta Holanda, durante años, como «predicador errante». Llegó a ser así el «guía espiritual» de muchas almas que encontraron luz y consuelo en la pureza de su conciencia religiosa, tan ajena a las «exaltaciones y morbosidades» de las sectas pietistas de su tiempo, tan satisfecha de su devota «misión interior». Y precisamente por las necesidades de estas almas «para el despertar, para reforzar y reanimar su secreta vida con Cristo en Dios», fueron escritas, poco a poco sus poesías, con largos intervalos y a medida que se iba presentando la inspiración y la ocasión.
En parte son sentencias piadosas, «breves iluminaciones», «voces del cielo» y «toques de atención», florecillas y fervorines; «viático para el alma de cada uno en la vida solitaria»; por ejemplo, los versos de la «Lotería de las almas piadosas» [«Der Frommen Lotterie»], de la edición del 1738 y siguientes; pero sobre todo encontramos laudes e himnos (en número de ciento once) destinados al canto y alguna vez también a «lectura en voz alta» en las periódicas «reuniones para la meditación y para la plegaria en comunidad». El tono es sencillo e inocente, todo confianza y abandono. «¡Ah, poder reposar, oh Dios mío, en tu paz!», implora el poeta en el canto; «Yo duermo pero mi corazón está en vela»; éste es el gran «motivo que se repite», ya sea que el alma «quiera salir de sí misma para entregarse a Dios», o ya sea que a la vista del firmamento estrellado se exalte pensando en el día en que «verá en la luz la luz eterna», o, por el contrario, en las tinieblas, se retraiga sobre sí misma escuchando: «Oh, Señor, en el profundo silencio/Habla Tú solo/A mí en la oscuridad!». Uno de los himnos, tal vez el más célebre, «Gott ist gegenwärtig» [«Dios está presente»], reproduce en sus sucesivos momentos «el acto de mística entrega» en la «común oferta del alma a Dios», y tiene, en su conmovido acento, un amplio aliento, casi de salmo. Éste ha encontrado lugar, junto con otros cantos, como «Yo adoro el poderío del amor», «Ahora que el día se acaba», etc., en casi todos los devocionarios evangélicos.
A pesar de que vivía personalmente fuera de la Iglesia oficial, Tersteegen obró siempre, en su «cura de almas» en sentido contrario a todos los movimientos separatistas; y no solamente su poesía, por la misma ausencia de contenido teológico, no ofreció ocasión para una ruptura con la Iglesia, sino que encontró, incluso fuera de los cerrados círculos de los «Collegia pietatis», una amplia resonancia en las almas de los fieles. Si el protestantismo luterano, de Lutero a Gerhardt, ya había tenido su gran poesía coral, Tersteegen llegó a ser en tierra alemana, incluso más allá del pietismo, junto con I. Neander, el piadoso y melodioso intérprete de la vida religiosa en la Iglesia reformada.
G. Gábetti

