Fabiola o la Iglesia de las catacumbas, Nicholas Wiseman

[Fabiola, or the Church of the Catacombs]. Novela del cardenal Nicholas Wiseman (1802-1865), publicada en 1854. En un prefacio el autor explica cómo en ocasión de la fundación de una Bibliote­ca Católica Popular, sugirió la conveniencia de publicar una serie de narraciones que ilustrasen las condiciones de la Iglesia en los diferentes períodos de su existencia, una de las cuales podría llamarse «la Iglesia de las catacumbas», otra «la Iglesia de las ba­sílicas», una tercera «la Iglesia de los claus­tros», y tal vez una cuarta, «la Iglesia de las escuelas». Él se ofreció a componer la pri­mera de la serie. Escrita en los momentos de reposo, la obra se resiente de este mé­todo intermitente; por otra parte, el autor no se proponía escribir un tratado sobre la antigüedad eclesiástica, sino que su fin era familiarizar al lector con las costum­bres, ideas, sentimientos y espíritu de los primeros tiempos del Cristianismo, inspirándose sobre todo en las Actas de los pri­meros mártires y en el oficio de varios san­tos del Breviario Romano, en los que se dibuja su personalidad.

El autor advierte que el libro no es histórico, y su acción ocupa un período de varios meses; es más una serie de cuadros que una narración de acontecimientos. La época es la del im­perio de Diocleciano y Maximiano, y más precisamente, el período de la violenta per­secución de los cristianos, provocada por Diocleciano con su famoso edicto del año 303. Asistimos al martirio de una pobre ciega, Santa Cecilia; al de Santa Inés, una rica patricia romana; al de San Pancracio, de San Tarsicio y de San Sebastián. La protagonista del libro es Fabiola, la rica hija del procónsul Fabio, que se convierte al cristianismo, como se convierten también la mayor parte de todos los personajes pa­ganos, incluso Fulvio, perseguidor de los cristianos que atenta contra la vida de Fa­biola, a cuyas grandes riquezas aspiraba. La topografía cristiana es exacta, como lo es también la descripción de las costumbres de estos cristianos primitivos. El intento moral queda plenamente logrado. [La primera versión castellana, traducida directamente del inglés, es la de Ángel Calderón de la Barca (Madrid, 1856), varias veces reim­presa].

M.L. Giartoscio